En el año 2018, la Dr. Lisa Littman publicó un estudio[i] de gran transcendencia, donde acuñó un nuevo término: “rapid-onset gender disphoria” (ROGD). Este término hacía referencia a un fenómeno nuevo que no tenía aparente explicación: el auge exponencial de niñas adolescentes que se autodefinían como trans, sin nunca antes haber mostrado ninguna indicación, y además lo hacían crecientemente en grupo, junto con sus amigas.
Este fenómeno era llamativo por varias razones: en primer lugar, los casos de adolescentes declarándose trans habían crecido exponencialmente. En Estados Unidos, el número de cirugías de género entre 2016 y 2017 se ¡cuadruplicó![ii] El New York Times[iii] explica que el número de adolescentes que se consideran trans se ha duplicado en los últimos años. En el Reino Unido, en 2018 un estudio observó un incremento de ¡4.400%![iv] con respecto a la década anterior de niños referidos para tratamiento de género. En Canadá, Finlandia, Suecia y otros países, los datos también habían crecido exponencialmente[v]. En España, no hay números precisos pero los que hay parecen indicar que la tendencia trans está en aumento, aunque en total es de pequeña escala[vi].
En segundo lugar, observó la Dr. Littman, la disforia de género tradicionalmente era prevalente en niños varones, que daban indicaciones de su condición desde la infancia. Sin embargo, lo que ahora se observaba era una explosión de niñas (no chicos) identificándose como trans; y, además, la inmensa mayoría de ellas nunca habían dado ninguna muestra de incomodidad con su sexo, sino que parecía que la disforia les había llegado de pronto.
Finalmente, el hecho de observar una tendencia a grupos de amigas considerándose trans conjuntamente también era anómalo. Indicaba, al menos en parte, un cierto contagio social. En esta línea, las investigaciones de la Dr. Littman, y posteriormente de Abigail Shrier[vii], señalaban que un alto grado de estas chicas habían pasado una gran cantidad de tiempo completamente inmersas en redes sociales antes de su repentina conversión.
Algo estaba pasando, y no ha hecho más que empeorar desde entonces. Este aumento exponencial de personas trans, específicamente concentrado en una franja de edad, no es normal, sino que parece fabricado y sugiere que lo que les ocurre a estas personas, a estas niñas, no es verdadera disforia de género sino otra cosa. En efecto, según los estudios más recientes, más del 85% de adolescentes que pasan por una fase trans acaban dejándola atrás al acabar la pubertad[viii].
Sin embargo, la ideología de género y la nueva narrativa trans están haciendo todo lo posible por “convertir” a estos adolescentes antes de que superen esta fase, de una manera que, en mi opinión, solo puede ser descrita como criminal e indecente.
La narrativa trans, a la captura de las nuevas generaciones
¿Cómo lo están haciendo? Pues, en primer lugar, dominando la cultura y la educación. Ser trans se ha convertido en la última moda (por razones que veremos más adelante). Celebridades como Caitlyn (Bruce) Jenner o Elliot (Ellen) Page se han cambiado de género, cirugías incluidas. Cantantes como Demi Lovato o Miley Cirus se declaran no binarios. Y, de manera mucho más preocupante e irresponsable, actores de Hollywood felizmente “transicionan” a sus hijos, como Charlize Theron, que lo hizo con su hijo de ¡7 años! o Gabrielle Union con su hijo de 12.
En cuanto a la educación, no debe sorprender que la izquierda radical intente moldear a las personas a su antojo desde la cuna, pues es su estrategia recurrente – atrapar en el imaginario colectivista a los niños y así tener fieles seguidores de por vida. Por eso, una de las principales apuestas de la narrativa de género es conquistar los colegios y los currículos educativos. En España, el proyecto de Ley Trans tiene toda una sección dedicada a la educación (artículos 20-24) y cómo impulsar la ideología. En Estados Unidos, en los estados más progresistas no sólo se está enseñando la ideología en clase y en los libros de texto, sino que se está llegando a tales esperpentos como montar shows de drag queens para niños.
En segundo lugar, el activismo trans está llevando a cabo un asalto institucional a las asociaciones médicas, psicológicas y pediátricas. Todo crítico es silenciado. Desde hace varios años, la ideología de género ha conseguido imponer en ciertos países occidentales (Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Suecia y otros) un estándar de atención a pacientes autoidentificados como trans que se llama “cuidado afirmativo” (“affirmative care”).
Cuidado afirmativo quiere decir que no se puede cuestionar el autodiagnóstico del paciente: el médico o psicólogo solo puede “afirmar” que la persona es, en efecto, trans. No puede buscar otra solución, o ayudarle a indagar en otras cosas que estén pasando en su vida, no; un adolescente dice que es trans y el profesional médico solo puede darle la razón. Es decir, sólo puede aceptar que esa niña es, de hecho, un hombre de verdad o viceversa.
Imaginen una niña que, con 15 años, entra a la consulta del psicólogo y le dice: “doctor, estoy gorda. Ayúdeme a adelgazar”. El doctor, dado que la niña está delgada, en lugar de pensar que puede sufrir anorexia y ayudarle a superarla, se vería forzado a afirmar esa percepción de la propia niña y a decirle: “por supuesto, niña. Estás gorda. Aquí tienes estás pastillas para quitarte el hambre”. Pues esta barbaridad es exactamente lo que está pasando en el tema trans.
El proceso de transición: de la transición social, a bloqueadores, a hormonas y a cirugía
¿Cuáles son las consecuencias de este cuidado afirmativo? Pues que se está iniciando a niños por un camino de destrucción de su propio cuerpo, y probablemente su mente también. En primer lugar, a estos niños se les recomienda empezar por una transición social, es decir, empezar a vestirse y presentarse como del otro sexo. Como si cambiarse de personalidad e identidad repentinamente en plena pubertad no tuviera consecuencias…
Pero la transición social es sólo el primerísimo paso. Tras la visita al psicólogo (aunque en algunos lugares ni siquiera es necesario, solo se pide un consentimiento informado) estos adolescentes son directamente recetados bloqueadores de la pubertad. Esto son hormonas que alteran el metabolismo natural del cuerpo e impiden que se desarrollen los marcadores biológicos propios de tu sexo.
De esos bloqueadores, el siguiente paso es tomar hormonas de sexo opuesto. Para niñas, lo normal es inyectarse testosterona, que les confiere un aspecto más masculino, desde cambio en la voz a un leve vello facial. Para los niños, sería estrógeno.
Los activistas de género defienden que ni los bloqueadores ni la testosterona son peligrosos, sino que son perfectamente reversibles. Según ellos, los bloqueadores sirven para poner en “pausa” la pubertad hasta que el adolescente decida de qué género se quiere identificar. Su visión, la que están imponiendo a la sociedad y a la profesión médica, es que a la mínima que un niño decida que se identifica como trans, hay que facilitarles la transición social y el acceso a hormonas. Sería curioso preguntarles a estos activistas para qué es necesario tomar hormonas si, según ellos, con tan solo considerarte mujer ya eres mujer…
El gran problema es que es falso que esas hormonas no causen efectos irreversibles. En primer lugar, no existe ningún estudio a escala y a largo plazo sobre el efecto de estas drogas en adolescentes[ix]. Las drogas son, cuanto menos, experimentales, lo que debería ser razón suficiente para ser muy cuidadoso con su aplicación.
La evidencia actual, sin embargo, sí indica que pueden llevar a serios, serios problemas. La pubertad, un proceso de desarrollo básico del ser humano, no se puede “pausar” y pretender darle al botón de play unos años después como si nada[x].
Una de las drogas más usadas como bloqueador se llama Lupron, antes usada para castrar químicamente a violadores. Dependiendo de la prolongación de su uso, esta y otras drogas similares pueden causar en adolescentes interferencia con el desarrollo cognitivo, supresión de la masa ósea, pérdida del apetito sexual o marcadores externos permanentes[xi].
Pero, por si fuera poco, los bloqueadores de pubertad suelen actuar de trampolín irremediable hacia las hormonas sexuales como la testosterona – algunos estudios encuentran que el 70%-100% de las personas que toman bloqueadores acaban con hormonas[xii]/[xiii], posiblemente porque ya inician un camino de difícil vuelta atrás.
La exposición a testosterona por más de tres meses puede conllevar aún más graves riesgos que los bloqueadores de pubertad. Estos riesgos incluyen mayor probabilidad de problemas cardiovasculares, potenciales atrofias vaginales o severos calambres uterinos[xiv]/[xv]. Más preocupante aún, ciertos estudios apuntan a que pueden incluso causar infertilidad permanente[xvi]/[xvii].
El último paso en esta cadena de autodestrucción adolescente es la cirugía corporal. Dependiendo de la legislación de cada país o Estado, se está permitiendo a niñas adolescentes a partir de los 14-16 años hacerse dobles mastectomías (extirpación de ambos senos) o hasta histerectomías (extirpación del útero). En el documental de Matt Walsh, “What is a woman?”, una cirujana estética de California felizmente alardeaba de haber realizado estos procedimientos en cientos de niñas de 16 años.
Dense una rápida vuelta por TikTok y verán a miles de niñas mostrando las cicatrices de su operación. Niñas que han mutilado su cuerpo para siempre en su adolescencia, al ser abducidas por lo que yo sólo puedo calificar como un culto criminal. Es absolutamente desolador.
Los siguientes pasos quirúrgicos, aunque son menos comunes, serían las faloplastias o vaginoplastias, que son procedimientos estéticos para recrear órganos sexuales en un cuerpo biológicamente distinto. Estos procedimientos son extremadamente complejos y la probabilidad de que acarren problemas serios de salud permanentes es muy alta, especialmente las faloplastias[xviii].
De la transición social, a bloqueadores, hormonas y cirugía. Todo ello, para niños y adolescentes. Estamos permitiendo que el culto a esta ideología de género haga que niños mutilen sus cuerpos de por vida, se droguen, se cambien la personalidad y la identidad. Todas ellas, decisiones que pueden ser irreversibles, y que en todo caso generan graves consecuencias mentales y fisiológicas. Es una atrocidad.
No se trata de esa minoría (0,01%-0,6%) que de verdad sufre de disforia de género; no se trata de una decisión de un adulto, responsable, maduro, bien informado, que ha tenido ayuda psicológica y médica, que entiende los riesgos de lo que hace, pero prefiere hacerlo a cuentas de la disforia que sufre, no; son niños.
Es más, esos adultos informados en muchas ocasiones están siendo los primeros enemigos de los activistas que pretenden usarles de excusa para imponer su ideología criminal. Ejemplo de ello son transexuales reconocidos como Buck Angel, Blair White o Matt Rey. Los autores que han escrito sobre el tema trans recientemente, como Shrier, Joyce o Soh, explican que muchos, muchos otros trans anónimos les dicen en privado que no están de acuerdo con esta nueva narrativa.
La cara de la tragedia: los “detransitioners”
Decía antes que el último paso en el proceso era la cirugía corporal, pero esto no es del todo cierto. Hay un paso añadido, un paso que cada vez un mayor número de personas empieza a dar: el paso de des-transicionar, de revertir el proceso que pusieron en marcha en la pubertad. Pero, en la mayoría de los casos, esa reversión es imposible.
Es difícil saber cuántas personas se arrepienten oficialmente de haber transicionado, porque no hay ningún dato fiable ni ninguna base. Además, los activistas activamente quieren ocultar no sólo su número, sino su mera existencia, pues pone en riesgo la premisa de su filosofía.
Ahora bien, existen y son muchos. La Dr. Littman entrevistó a 100 de estos llamados “detransitioners” para su última investigación[xix]. Shrier entrevistó a una docena para su libro, y sus historias son estremecedoras[xx]. Un grupo de Reddit[xxi] creado para estas personas ha alcanzado los ¡42 mil miembros! La cuenta de un grupo en su defensa, “The Detransition Advocacy Network”, tiene casi 5 mil miembros[xxii]. En todo caso, en mi opinión, que exista solo un caso de una niña a la que se le dejó mutilar su cuerpo sin necesidad sería ya una tragedia.
Estos “detransitioners” se enfrentan a un arsenal de dificultades, empezando por el estigma sufrido y el rechazo de su antiguo grupo, que los considera unos traidores a la causa. Además, la transición seguida de una des-transición suele conllevar problemas obvios de identidad, confianza y estabilidad, al menos por un tiempo, como apunta Shrier[xxiii].
Pero especialmente si iniciaron algún tipo de transición médica, las consecuencias pueden ser absolutamente irreversibles; una chica arrepentida no puede hacer crecer de nuevo sus senos extirpados, por poner el ejemplo más típico. Ni deshacerse de los efectos de las drogas que ha ingerido durante años y han alterado su morfología y biología para siempre.
En este punto, surge una duda natural: ¿y los padres? ¿Cómo permitieron los padres que les ocurriera esto a sus hijos? Muchos padres bienintencionados, y normalmente de ambientes y valores progresistas, no pensaron en las consecuencias irreversibles, o no estaban adecuadamente informados; simplemente quisieron ayudar a sus hijos, haciendo caso de su autodiagnóstico, en algo que les parecía moderno. Pero, en general, el activismo de género hace uso de una táctica infalible para doblegar a padres, educadores y sociedad: el chantaje emocional. “Si tu hijo te dice que es trans y no le transicionas, puede suicidarse. ¿Prefieres una hija trans o un hijo muerto?” Este es el mantra literal que todo activista que se “precie” repite.
Mantra que se demuestra falso y manipulador. Aunque los estudios existentes sugieren que la tasa de suicidios o tentativa de suicidios en la comunidad trans es mucho mayor que en el resto de la población[xxiv], no hay ningún estudio que diga que la causa del suicido es directamente la disforia; lo que parece es que, junto con la disforia, suelen convivir otros problemas mentales. Además, los estudios existentes no muestran ningún cambio en la tasa de suicidio o autolesiones en jóvenes trans antes de transicionar o después de transicionar[xxv]. Todo esto, añadiría yo, si para empezar ya aceptamos como partida que lo que de verdad le pasa a ese joven es que es trans.
Adicionalmente, en dos estudios realizados muy recientemente, un porcentaje elevado de “detransitioners” entrevistados afirmaban que la transición ni les ayudó a aliviar su disforia[xxvi] ni les ayudó en su salud mental[xxvii]. Estos resultados vuelven a echar por tierra esta premisa de los activistas y su asqueroso chantaje emocional.
Muchos de estos “detransitioners” se preguntan cómo pueden haber tirado su vida a la basura en la pubertad; muchos se preguntan cómo el sistema les pudo dejar, incluso fomentar, cometer semejantes atrocidades en su propio cuerpo. Las demandas ya han empezado, y auguro que se multiplicarán los próximos años. El caso de Keira Bell, la primera en demandar al sistema por su negligencia, va a sentar un precedente para muchos otros y estos jóvenes van a venir reclamando responsabilidades, como debe ser.
¿Vuelta a la razón? No en España
Gracias a Dios, en algunos lugares parece estar empezando a echarse el freno a tanto disparate. El Reino Unido anunció en julio que va a cerrar la clínica Tavistock[xxviii], el centro público que llevaba 3 décadas tratando a niños y adolescentes con problemas de género. Este cierre se produce tras un informe demoledor que alertaba de graves deficiencias, entre otras cosas, que se había apresurado de forma acelerada a muchos niños a transicionar, que el uso de drogas en niños no tenía suficiente estudio clínico y que la terapia adecuada para tratar disforia en niños no necesariamente debía ser la afirmación[xxix].
En febrero de este año, el “National Board of Health and Welfare” de Suecia dio un giro de 180 grados a sus protocolos de tratamiento para personas con disforia, eliminando los bloqueadores de la pubertad y hormonas para menores de 18 años y dejando de recomendar el cuidado afirmativo como el estándar terapéutico[xxx]. Finlandia ha seguido un camino similar a su vecino nórdico[xxxi]. Noruega, Alemania o Irlanda están, igualmente, restringiendo el acceso a hormonas.
Mientras el mundo se da cuenta de los males de la terapia afirmativa y del peligro que conlleva iniciar a niños por ese camino, en España, el Proyecto de Ley Trans recién presentado ante el Congreso copia todo lo malo que se ha hecho anteriormente en otros países; toda la Ley es una oda a la autoidentificación y al deber de todos (administraciones, médicos, centros educativos y familias) de afirmar la identidad elegida, incluyendo a los menores. Por si hubiera dudas, el artículo 17[xxxii] veladamente prohíbe todo lo que no sea cuidado afirmativo.
Además, esta Ley permitiría a niños entre 12-16 años mutilar sus cuerpos sin necesidad de consentimiento paterno, sólo mediante consentimiento informado (artículo 19.2)[xxxiii]. Es decir, una niña de 12 años puede firmar un papel diciendo que entiende y acepta lo que está haciendo (como si a esa edad se tuviese la más mínima idea) y acceder a cirugías que le extirpen los senos o le modifiquen sus genitales. ¡Con 12 años!
Otra de las cuestiones más criticables de este proyecto de ley es que, a través de sus artículos 31 y 66.4[xxxiv], abre la puerta a la invasión del Estado en la autonomía familiar – llegando incluso a la retirada de la custodia de hijos – si los padres no “respetan” y “protegen” a sus hijos LGBTI, es decir, si no afirman la identidad del niño que se considera trans.
Mi opinión personal: este proyecto de ley es una aberración y, por el bien de nuestros hijos, jamás debe ser aprobado en Cortes.
Qué está pasando realmente
¿Qué les pasa a estas nuevas generaciones? ¿Por qué la ideología de género ha tenido tanto recorrido, especialmente en esta franja de edad tan concreta? Pues, en mi opinión, lo que ocurre en Occidente no es un problema de identidad de género, sino de salud y estabilidad mental.
Nuestras sociedades tienen serios problemas de estabilidad mental en la población adolescente; problemas que han escalado por culpa del COVID. En los últimos años los datos de suicidios, autolesiones, depresiones, ataques de ansiedad y otros indicadores de profundo malestar no han dejado de crecer alarmantemente en la mayoría de los países occidentales (Estados Unidos[xxxv], Reino Unido[xxxvi], Canadá[xxxvii] y España[xxxviii], por citar algunos).
Muchos factores pueden explicar esta triste realidad. Por empezar por el más político de ellos, hay que comprender que la narrativa woke es tremendamente peligrosa para los jóvenes: por un lado, se victimiza a la mujer y se le dice que está subyugada; y, por el otro, se ataca toda forma de masculinidad como tóxica. Mujeres víctimas y hombres malos… No es raro que ciertos adolescentes, en una época de cambio y descubrimiento, renieguen de esas categorías tradicionales que aparentemente no les aportan mucho. Pero esa renuncia no viene libre de consecuencias, y no trae estabilidad mental o emocional… ¿quién eres, pues?
Otro factor político-social es que vivimos en una sociedad en el que se prima la victimización. Entre el auge de la narrativa postmodernista, que analiza todo en torno al binomio opresores-oprimidos, y una predisposición cristiana a cuidar del más débil, nuestras sociedades tienen en mayor consideración a esas minorías o personas oprimidas. Así, tendemos a dar mayor estatus social, voz y reconocimiento a las víctimas.
El problema es que cuando se valora algo, se genera un incentivo para que la gente lo alcance; en este caso, hay una carrera en nuestras sociedades para considerarse víctima y oprimido, para así ganar en poder y reconocimiento. Nadie quiere ser de la mayoría “opresora”, especialmente de la mayoría blanca, o patriarcal, o capitalista, o heterosexual. Y, llegados a este punto, tampoco de la mayoría “cis”-género. Lo curioso es que nadie puede cambiar su color de piel, su raza o su estatus (de momento…) pero cambiar el género es algo que se ha vuelto muy fácil.
La mejor manera de ganar puntos de víctima en el momento actual es declararse trans. Y la forma más tramposa y cobarde de declararse trans es decir que eres “no binario”. Así, instantáneamente, sin ninguna necesidad de transición social o médica, sin cambio de ningún tipo, automáticamente eres el más cool y moderno del lugar. Cuando veo a una celebridad, estilo Demi Lovato[xxxix], en la portada de una revista declarándose no binario y haciendo afirmaciones del tipo de “yo es que no encajo” me dan ganas de reír, hasta que me doy cuenta de que millones de adolescentes siguen su ejemplo, y entonces lloro. Vaya nivel de postureo y narcisismo más deleznable.
Pero claro, ser víctima es lo contrario a ser independiente, libre, autónomo. Sentirse víctima lleva a la desesperación, pues hace pensar que nada está en tus manos, que nada que puedas hacer va a resultar en algo bueno en tu vida. Creerse víctima no genera ningún tipo de estabilidad mental o emocional.
Un tercer factor social que contribuye a estos problemas puede ser la imperante cultura de sobreprotección de los niños (tanto a nivel físico como intelectual o moral). Esta sobreprotección está creando generaciones cada vez más frágiles, como apunta el profesor Jonathan Haidt[xl], pues se basa en una idea de seguridad de los niños que va más allá de la seguridad física y psíquica para incluir seguridad “emocional”.
Este nuevo concepto implica, en la práctica, una completa protección a las nuevas generaciones sobre cualquier crítica, idea, argumento o pensamiento que ellos no quieran escuchar, pues escuchar algo que uno considere, subjetivamente, “ofensivo” es considerado “violencia”. El auge de los llamados “espacios seguros” en las universidades es la prueba más palmaria de esta tendencia.
Haidt considera que las personas somos “antifrágiles”, copiando el término de Nicholas Taleb. Es decir, en oposición a las cosas frágiles, la antifragilidad implica que algo, sometido a estrés y presión, se vuelve más fuerte en lugar de romperse. Los seres humanos, igualmente, en general nos volvemos más “duros” al atravesar relativas dificultades. En opinión de Haidt y su coautor Lukianoff, “la obsesión moderna por proteger a los jóvenes de siquiera sentirse inseguros es una de las mayores causas del auge de suicidios, depresión y ansiedad”[xli].
Otro factor de inestabilidad en los adolescentes sobre el que Haidt ha escrito ampliamente son las redes sociales[xlii]. En el tema trans, ya advertimos que Littman y Shrier habían observado cómo la mayoría de las adolescentes con supuesta disforia habían pasado inmersas en redes mucho tiempo.
Parafraseando a un famoso locutor, sin ánimo de ser exhaustivo, los males de las redes, especialmente para adolescentes, son los siguientes: incentivan el narcisismo y las ganas de destacar, consiguiendo posts o fotos virales; generan ansiedad o incluso depresión, al ver cómo uno no es tan popular como le gustaría; incentivan el tribalismo, pues fomentan la lucha y la oposición como forma de conversación; crean adicción; y dan acceso a estos jóvenes a todo tipo de contenido, sin filtros ni trabas.
Los estudios sobre redes suelen centrarse en Facebook, Instagram o YouTube, al tener mayor recorrido, pero una de reciente aparición es, en mi opinión, la más peligrosa y la que más acentúa los males listados arriba: TikTok. TikTok es el estercolero de la humanidad. TikTok es un arma de destrucción masiva de adolescentes. No soy yo quién para dar recomendaciones, pero me atrevo a lanzar una aquí: alejen a sus hijos de TikTok como de la plaga.
Honestamente, visto el panorama al que se enfrentan, es comprensible que las nuevas generaciones estén teniendo dificultades para lidiar con la realidad. El fenómeno trans no es sino un escape a este problema, algo que convierte a un adolescente en especial, transgresor y víctima al mismo tiempo; es decir, todo lo que está buscando, todo lo que la sociedad actual parece alabar. Y todo lo que alimenta su narcisismo interno, exponencialmente multiplicado en redes.
Lo normal es que estos adolescentes avancen por la vida y vayan perdiendo sus miedos, y encontrándose a sí mismos, como todos hicimos. Pero, claro, si por el camino un pseudo-culto de género le ha atrapado y ha tomado decisiones como vivir durante años aparentando ser otro, inyectarse hormonas o mutilar su cuerpo, pues las consecuencias pueden ser – son – irreversibles.
No lo podemos permitir. Si los activistas de género vienen a por nuestros hijos, al menos a por los míos, se van a encontrar con una resistencia de furia.
Notas
[i] https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0202330
[ii] https://www.plasticsurgery.org/documents/News/Statistics/2017/plastic-surgery-statistics-full-report-2017.pdf
[iii] https://www.nytimes.com/2022/06/10/science/transgender-teenagers-national-survey.html
[iv] https://www.express.co.uk/news/uk/1018407/gender-transition-treatment-investigation-penny-mordaunt
[v] “Irreversible Damage”, Abigail Shrier, página 26
[vi] https://www.infolibre.es/politica/reto-legislar-derechos-trans-son_1_1195059.html
[vii] “Irreversible Damage”, Abigail Shrier,
[viii] https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC5841333/
[ix] “The End of Gender”, Debrah Soh, página 156
[x] https://www.nytimes.com/2022/11/14/health/puberty-blockers-transgender.html
[xi] “Irreversible Damage”, Abigail Shrier, página 165
[xii] “Irreversible Damage”, Abigail Shrier, página 165
[xiii] “The End of Gender”, Debrah Soh, página 157
[xiv] “Trans – When Ideology Meets Reality”, Helen Joyce, páginas 82-83
[xv] “Irreversible Damage”, Abigail Shrier, página 169
[xvi] “Trans – When Ideology Meets Reality”, Helen Joyce, páginas 82-83
[xvii] “Irreversible Damage”, Abigail Shrier, página 171
[xviii] “Irreversible Damage”, Abigail Shrier, páginas 176-178
[xix] https://link.springer.com/content/pdf/10.1007/s10508-021-02163-w.pdf
[xx] “Irreversible Damage”, Abigail Shrier, capítulo 10
[xxi] https://www.reddit.com/r/detrans/
[xxii] https://twitter.com/detransadv
[xxiii] Irreversible Damage”, Abigail Shrier, capítulo 10
[xxiv] https://www.hrc.org/news/new-study-reveals-shocking-rates-of-attempted-suicide-among-trans-adolescen
[xxv] “Irreversible Damage”, Abigail Shrier, páginas 117-118
[xxvi] https://segm.org/first_large_study_of_detransitioners
[xxvii] https://link.springer.com/content/pdf/10.1007/s10508-021-02163-w.pdf
[xxviii] https://www.theguardian.com/society/2022/jul/28/nhs-closing-down-london-gender-identity-clinic-for-children
[xxix] https://cass.independent-review.uk/publications/interim-report/
[xxx] https://segm.org/segm-summary-sweden-prioritizes-therapy-curbs-hormones-for-gender-dysphoric-youth
[xxxi] https://www.nationalreview.com/corner/fins-turn-against-puberty-blockers-for-gender-dysphoria/
[xxxii] ídem
[xxxiii] https://www.congreso.es/public_oficiales/L14/CONG/BOCG/A/BOCG-14-A-113-1.PDF
[xxxiv] ídem
[xxxv] https://www.nytimes.com/2022/04/23/health/mental-health-crisis-teens.html?smtyp=cur&smid=tw-nytimes
[xxxvi] https://www.disabilityrightsuk.org/news/2022/october/suicide-rates-record-high-amongst-15-19-year-olds#:~:text=In%202020%2C%20147%20young%20people,Mental%20Health%20Services%20
[xxxvii] https://www.statcan.gc.ca/o1/en/plus/907-youth-mental-health-spotlight-again-pandemic-drags
[xxxviii] https://consaludmental.org/sala-prensa/salud-mental-espana-reclama-prevencion-recursos-infancia-adolescencia-juventud/#:~:text=mental%20y%20j%C3%B3venes-,El%20informe%20%60Bar%C3%B3metro%20Juvenil%20sobre%20Salud%20y%20Bienestar%202021%C2%B4,casi%20el%20doble%20de%20mujeres
[xxxix] https://www.rollingstone.com/music/music-news/demi-lovato-non-binary-coming-out-pronouns-1171379/
[xl] “The Coddling of the American Mind”, Greg Lukianoff y Jonathan Haidt
[xli] “The Coddling of the American Mind”, Greg Lukianoff y Jonathan Haidt, página 24
[xlii] https://jonathanhaidt.com/social-media/