A las élites españolas: ¡despertad!

Vosotros, presidentes y consejeros del IBEX; banqueros y empresarios de éxito; presidentes de instituciones y organismos de prestigio; vosotros, en definitiva, que tenéis poder e influencia en España:

España va mal. España corre peligro existencial como proyecto de libertad, unidad y prosperidad. Y es culpa vuestra.

Nunca habéis mostrado interés, ni dedicado tiempo, ni mucho menos recursos, a la política. Desdeñabais la política y a los políticos, lo denigrabais como una ocupación de segunda, mientras vosotros os centrabais en lo “importante”: crear riqueza.

De vez en cuando criticabais las ocurrencias de los gobernantes, reprochabais su nivel y sus tonterías, pero seguíais sin hacer nada, convencidos de que el impacto que podrían tener en vuestras empresas y vuestras vidas era limitado. Estabais convencidos de que, por muchos despropósitos que hicieran, vosotros y vuestras fortunas siempre estaríais a salvo de un futuro incierto.

Os habéis arrimado y coqueteado con el gobierno de turno, dando igual los valores, ideología o fibra moral del que gobernase. Sólo os ha interesado comprar algunas páginas de BOE, en vez de luchar por un sistema donde el BOE tuviera importancia marginal.

Contratabais en vuestras empresas a politicuchos de tercer nivel, que no reunían ningún mérito salvo algún número de teléfono en su agenda; politicuchos que, por su apoyo y aquiescencia con políticas nefastas y destructivas, merecían el ostracismo social y económico pero que, en cambio, vosotros habéis elevado en estatus y riqueza.

No entendisteis el inmenso poder de las televisiones y los medios para manipular a la masa – masa que, por si olvidáis, son vuestros consumidores. Vuestro desinterés os llevó a nunca intentar construir unos medios con un mensaje alternativo al progresista. En consecuencia, el panorama mediático español está dominado por un izquierda sectaria, que de puro resentimiento odia todo lo que vosotros representáis.

¿Os extraña que la gente vote al socialismo, que crea que los empresarios explotan a los trabajadores, que los ricos son malos? ¿Qué esperáis, si es lo único que han escuchado en sus vidas, los únicos valores que han visto en la tele, en las series, en YouTube?

No sólo en medios; nunca habéis invertido ni siquiera un poquito de vuestro capital en apoyar causas, movimientos o plataformas políticas o sociales alineadas con valores que os puedan representar mejor. Hay una narrativa cultural que domina, la izquierdista, y los pocos que luchan contra ella no han contado con vuestro apoyo para defender una España distinta, una España mejor.

En cambio, los pocos fondos – corporativos – que sí habéis destinado a causas con mayor carga política han venido determinados por agendas que os habéis dejado imponer desde fuera, sin que hayáis hecho un mínimo examen crítico.

Mantenéis a flote, con vuestros créditos o vuestra publicidad, medios progresistas que no dudarían en condenaros a la hoguera, porque fundamentalmente os odian; financiáis series, documentales y películas que únicamente representan un sesgo político y cultural.

Vuestras empresas se han convertido en meros peones de una agenda que no representa ni vuestros valores, ni las necesidades de vuestra empresa. Apoyáis proyectos de ESG y cambio climático porque están de moda, porque en Twitter os critican, o porque el Sr. Fink lo desea, sin pararos a pensar en cómo de prioritarios, útiles o recomendables son.

Vuestros departamentos de Recursos Humanos hacen apología del activismo LGBTI y, más recientemente, de la agenda trans; las banderas y los pronombres pueblan todas las biografías de sus perfiles en redes. Os exigen, y aceptáis, que contratéis por cuota, no por méritos, capacidad o carácter.

Y ¿cuáles son las consecuencias de haber dejado todo interés político en manos de otros?

Habéis dejado que gente que odia todo lo que representáis se haga con el poder político y cultural. Gente que sólo tiene resentimiento hacia vosotros. Gente que no creen en ninguno de vuestros valores. Gente que no cree en la libertad, ni en el mercado, ni en la meritocracia, ni en España, ni en Dios, ni en la familia.

Habéis dejado que se imponga una narrativa cultural dominante, un conjunto de lugares comunes que muchos españoles asumen y ya dan por hecho, sin discusión. Una narrativa que presupone que la izquierda es noble, defensora de los trabajadores y los vulnerables, mientras que la derecha es autoritaria y defiende a los poderosos. Que la izquierda es tolerante y abierta, y la derecha fascista. Que lo público es bueno y lo privado malo.

Habéis dejado que España se haya convertido en una tierra donde las oportunidades económicas parecen estar en constante retroceso. Donde ya no se puede decir con confianza que la siguiente generación vaya a vivir mejor que sus padres y abuelos.

Habéis conseguido que toda una generación esté creciendo desencantada y desconectada de los valores que hicieron libre y próspera a España y Occidente. Jóvenes que ven un futuro incierto y se refugian en ideologías que prometen soluciones rápidas, pero falsas.

Habéis dejado que nuestra casa común, nuestro país, esté a punto de fracturarse. Habéis consentido que los nacionalismos periféricos se envalentonen y promuevan un ataque directo contra el marco de libertad, convivencia y pluralidad que tenemos.

Habéis ido admitiendo que los políticos y burócratas vaya inmiscuyéndose en cada vez más aspectos de nuestras vidas; que tengamos que pedir permiso para todo, desde licencias para cualquier cosa o permiso hasta para tener mascota.

¿Creéis que hemos tocado fondo? ¿Creéis que las cosas no pueden seguir empeorando? Os equivocáis.

Esperad a que nacionalicen vuestros bancos o empresas de energía, pues no se podrá permitir que esos sectores estratégicos estén en viles manos privadas.

Esperad a que os roben vuestras fortunas con impuestos sin techo, en nombre de la “justicia social”.

Esperad a que os hagan escraches en vuestras casas, pues os harán responsables de todos los males de la sociedad, culpa de vuestra avaricia y explotación.

Esperad a que pongan el salario mínimo en unos niveles en los que todos vuestros proveedores y clientes se vayan a la quiebra.

Esperad a que Cataluña y País Vasco se independicen y seáis extranjeros en vuestra propia tierra.

Esperad a que vuestros hijos o nietos se declaren trans con 14 años, y os lleguen incluso a quitar la patria potestad si no les “afirmáis”, es decir, si no dejáis que arruinen su vida para siempre.

Esperad a que haya barrios enteros de vuestras ciudades donde no pueda entrar ni la policía, porque una masa inmigrante sin ninguna gana de asimilarse a nuestra cultura ha tomado el control.

Esperad a que prohíban la caza, pues es “inhumano” matar animales; y después limiten o prohíban el consumo de carne para “luchar contra el cambio climático”.

¿Reaccionaréis entonces?

Entonces ya será demasiado tarde. Estamos muy cerca de que sea tarde ya.

Pero queda tiempo. Hay una ventana de oportunidad para darle la vuelta a la situación y reconstruir este proyecto de España que representa la libertad, la oportunidad, la unión, el crecimiento.  

Pero es necesario que dejéis de ser espectadores; necesitamos que seáis líderes.

Interesaos por la política. Dejad de pensar que vuestros millones y vuestra posición os van a proteger de un futuro que puede ser decadente.

Dejad de bailadle el agua a gobernantes que venderían nuestra patria y nuestra libertad al diablo con tal de seguir en el poder. A gobernantes que implementan agendas radicales minoritarias, que son destructivas y van a conducir a un futuro peor para todos. Si vosotros, con poder e influencia, os plantaseis, esto se acabaría.

Apoyad movimientos, plataformas o pensadores que defiendan vuestras ideas. ¿Cómo cambiaría nuestro país si hubiera cien, o mil, Cayetanas, Girautas, Rallos, Lacalles con plataforma y financiación para defender las ideas de España y de libertad? ¿Cómo cambiaría si el Instituto Juan de Mariana, FAES, la Fundación Villacisneros o muchas otras fuesen verdaderos gigantes, con músculo para poder, de verdad, influir y convencer?

Financiad series, películas, comedia, arte que no sea maniqueo, que no sea una apología del progresismo, sino que represente otros valores, otra realidad, otro enemigo.

Desterrad de vuestras empresas ideologías que ni vosotros os creéis, y que no están alineadas con ninguna idea de mérito, capacidad o carácter. Ideologías que cada vez más generaciones compran, sin entenderlas bien ni comprender lo dañinas que pueden ser.

España os necesita. Las siguientes generaciones os necesitan.

¡Despertad!

Sobre la ideología de género y el activismo trans (y III) – los niños, la última frontera

En el año 2018, la Dr. Lisa Littman publicó un estudio[i] de gran transcendencia, donde acuñó un nuevo término: “rapid-onset gender disphoria” (ROGD). Este término hacía referencia a un fenómeno nuevo que no tenía aparente explicación: el auge exponencial de niñas adolescentes que se autodefinían como trans, sin nunca antes haber mostrado ninguna indicación, y además lo hacían crecientemente en grupo, junto con sus amigas.

Este fenómeno era llamativo por varias razones: en primer lugar, los casos de adolescentes declarándose trans habían crecido exponencialmente. En Estados Unidos, el número de cirugías de género entre 2016 y 2017 se ¡cuadruplicó![ii] El New York Times[iii] explica que el número de adolescentes que se consideran trans se ha duplicado en los últimos años. En el Reino Unido, en 2018 un estudio observó un incremento de ¡4.400%![iv] con respecto a la década anterior de niños referidos para tratamiento de género. En Canadá, Finlandia, Suecia y otros países, los datos también habían crecido exponencialmente[v]. En España, no hay números precisos pero los que hay parecen indicar que la tendencia trans está en aumento, aunque en total es de pequeña escala[vi].

En segundo lugar, observó la Dr. Littman, la disforia de género tradicionalmente era prevalente en niños varones, que daban indicaciones de su condición desde la infancia. Sin embargo, lo que ahora se observaba era una explosión de niñas (no chicos) identificándose como trans; y, además, la inmensa mayoría de ellas nunca habían dado ninguna muestra de incomodidad con su sexo, sino que parecía que la disforia les había llegado de pronto.

Finalmente, el hecho de observar una tendencia a grupos de amigas considerándose trans conjuntamente también era anómalo. Indicaba, al menos en parte, un cierto contagio social. En esta línea, las investigaciones de la Dr. Littman, y posteriormente de Abigail Shrier[vii], señalaban que un alto grado de estas chicas habían pasado una gran cantidad de tiempo completamente inmersas en redes sociales antes de su repentina conversión.

Algo estaba pasando, y no ha hecho más que empeorar desde entonces. Este aumento exponencial de personas trans, específicamente concentrado en una franja de edad, no es normal, sino que parece fabricado y sugiere que lo que les ocurre a estas personas, a estas niñas, no es verdadera disforia de género sino otra cosa. En efecto, según los estudios más recientes, más del 85% de adolescentes que pasan por una fase trans acaban dejándola atrás al acabar la pubertad[viii].

Sin embargo, la ideología de género y la nueva narrativa trans están haciendo todo lo posible por “convertir” a estos adolescentes antes de que superen esta fase, de una manera que, en mi opinión, solo puede ser descrita como criminal e indecente.

La narrativa trans, a la captura de las nuevas generaciones

¿Cómo lo están haciendo? Pues, en primer lugar, dominando la cultura y la educación. Ser trans se ha convertido en la última moda (por razones que veremos más adelante). Celebridades como Caitlyn (Bruce) Jenner o Elliot (Ellen) Page se han cambiado de género, cirugías incluidas. Cantantes como Demi Lovato o Miley Cirus se declaran no binarios. Y, de manera mucho más preocupante e irresponsable, actores de Hollywood felizmente “transicionan” a sus hijos, como Charlize Theron, que lo hizo con su hijo de ¡7 años! o Gabrielle Union con su hijo de 12.

En cuanto a la educación, no debe sorprender que la izquierda radical intente moldear a las personas a su antojo desde la cuna, pues es su estrategia recurrente – atrapar en el imaginario colectivista a los niños y así tener fieles seguidores de por vida. Por eso, una de las principales apuestas de la narrativa de género es conquistar los colegios y los currículos educativos. En España, el proyecto de Ley Trans tiene toda una sección dedicada a la educación (artículos 20-24) y cómo impulsar la ideología. En Estados Unidos, en los estados más progresistas no sólo se está enseñando la ideología en clase y en los libros de texto, sino que se está llegando a tales esperpentos como montar shows de drag queens para niños.

En segundo lugar, el activismo trans está llevando a cabo un asalto institucional a las asociaciones médicas, psicológicas y pediátricas. Todo crítico es silenciado. Desde hace varios años, la ideología de género ha conseguido imponer en ciertos países occidentales (Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Suecia y otros) un estándar de atención a pacientes autoidentificados como trans que se llama “cuidado afirmativo” (“affirmative care”).

Cuidado afirmativo quiere decir que no se puede cuestionar el autodiagnóstico del paciente: el médico o psicólogo solo puede “afirmar” que la persona es, en efecto, trans. No puede buscar otra solución, o ayudarle a indagar en otras cosas que estén pasando en su vida, no; un adolescente dice que es trans y el profesional médico solo puede darle la razón. Es decir, sólo puede aceptar que esa niña es, de hecho, un hombre de verdad o viceversa.

Imaginen una niña que, con 15 años, entra a la consulta del psicólogo y le dice: “doctor, estoy gorda. Ayúdeme a adelgazar”. El doctor, dado que la niña está delgada, en lugar de pensar que puede sufrir anorexia y ayudarle a superarla, se vería forzado a afirmar esa percepción de la propia niña y a decirle: “por supuesto, niña. Estás gorda. Aquí tienes estás pastillas para quitarte el hambre”. Pues esta barbaridad es exactamente lo que está pasando en el tema trans.

El proceso de transición: de la transición social, a bloqueadores, a hormonas y a cirugía

¿Cuáles son las consecuencias de este cuidado afirmativo? Pues que se está iniciando a niños por un camino de destrucción de su propio cuerpo, y probablemente su mente también. En primer lugar, a estos niños se les recomienda empezar por una transición social, es decir, empezar a vestirse y presentarse como del otro sexo. Como si cambiarse de personalidad e identidad repentinamente en plena pubertad no tuviera consecuencias…

Pero la transición social es sólo el primerísimo paso. Tras la visita al psicólogo (aunque en algunos lugares ni siquiera es necesario, solo se pide un consentimiento informado) estos adolescentes son directamente recetados bloqueadores de la pubertad. Esto son hormonas que alteran el metabolismo natural del cuerpo e impiden que se desarrollen los marcadores biológicos propios de tu sexo.

De esos bloqueadores, el siguiente paso es tomar hormonas de sexo opuesto. Para niñas, lo normal es inyectarse testosterona, que les confiere un aspecto más masculino, desde cambio en la voz a un leve vello facial. Para los niños, sería estrógeno.

Los activistas de género defienden que ni los bloqueadores ni la testosterona son peligrosos, sino que son perfectamente reversibles. Según ellos, los bloqueadores sirven para poner en “pausa” la pubertad hasta que el adolescente decida de qué género se quiere identificar. Su visión, la que están imponiendo a la sociedad y a la profesión médica, es que a la mínima que un niño decida que se identifica como trans, hay que facilitarles la transición social y el acceso a hormonas. Sería curioso preguntarles a estos activistas para qué es necesario tomar hormonas si, según ellos, con tan solo considerarte mujer ya eres mujer…

El gran problema es que es falso que esas hormonas no causen efectos irreversibles. En primer lugar, no existe ningún estudio a escala y a largo plazo sobre el efecto de estas drogas en adolescentes[ix]. Las drogas son, cuanto menos, experimentales, lo que debería ser razón suficiente para ser muy cuidadoso con su aplicación.

La evidencia actual, sin embargo, sí indica que pueden llevar a serios, serios problemas. La pubertad, un proceso de desarrollo básico del ser humano, no se puede “pausar” y pretender darle al botón de play unos años después como si nada[x].

Una de las drogas más usadas como bloqueador se llama Lupron, antes usada para castrar químicamente a violadores. Dependiendo de la prolongación de su uso, esta y otras drogas similares pueden causar en adolescentes interferencia con el desarrollo cognitivo, supresión de la masa ósea, pérdida del apetito sexual o marcadores externos permanentes[xi].

Pero, por si fuera poco, los bloqueadores de pubertad suelen actuar de trampolín irremediable hacia las hormonas sexuales como la testosterona – algunos estudios encuentran que el 70%-100% de las personas que toman bloqueadores acaban con hormonas[xii]/[xiii], posiblemente porque ya inician un camino de difícil vuelta atrás.

La exposición a testosterona por más de tres meses puede conllevar aún más graves riesgos que los bloqueadores de pubertad. Estos riesgos incluyen mayor probabilidad de problemas cardiovasculares, potenciales atrofias vaginales o severos calambres uterinos[xiv]/[xv]. Más preocupante aún, ciertos estudios apuntan a que pueden incluso causar infertilidad permanente[xvi]/[xvii].

El último paso en esta cadena de autodestrucción adolescente es la cirugía corporal. Dependiendo de la legislación de cada país o Estado, se está permitiendo a niñas adolescentes a partir de los 14-16 años hacerse dobles mastectomías (extirpación de ambos senos) o hasta histerectomías (extirpación del útero). En el documental de Matt Walsh, “What is a woman?”, una cirujana estética de California felizmente alardeaba de haber realizado estos procedimientos en cientos de niñas de 16 años.

Dense una rápida vuelta por TikTok y verán a miles de niñas mostrando las cicatrices de su operación. Niñas que han mutilado su cuerpo para siempre en su adolescencia, al ser abducidas por lo que yo sólo puedo calificar como un culto criminal. Es absolutamente desolador.

Los siguientes pasos quirúrgicos, aunque son menos comunes, serían las faloplastias o vaginoplastias, que son procedimientos estéticos para recrear órganos sexuales en un cuerpo biológicamente distinto. Estos procedimientos son extremadamente complejos y la probabilidad de que acarren problemas serios de salud permanentes es muy alta, especialmente las faloplastias[xviii].

De la transición social, a bloqueadores, hormonas y cirugía. Todo ello, para niños y adolescentes. Estamos permitiendo que el culto a esta ideología de género haga que niños mutilen sus cuerpos de por vida, se droguen, se cambien la personalidad y la identidad. Todas ellas, decisiones que pueden ser irreversibles, y que en todo caso generan graves consecuencias mentales y fisiológicas. Es una atrocidad.

No se trata de esa minoría (0,01%-0,6%) que de verdad sufre de disforia de género; no se trata de una decisión de un adulto, responsable, maduro, bien informado, que ha tenido ayuda psicológica y médica, que entiende los riesgos de lo que hace, pero prefiere hacerlo a cuentas de la disforia que sufre, no; son niños.

Es más, esos adultos informados en muchas ocasiones están siendo los primeros enemigos de los activistas que pretenden usarles de excusa para imponer su ideología criminal. Ejemplo de ello son transexuales reconocidos como Buck Angel, Blair White o Matt Rey. Los autores que han escrito sobre el tema trans recientemente, como Shrier, Joyce o Soh, explican que muchos, muchos otros trans anónimos les dicen en privado que no están de acuerdo con esta nueva narrativa.

La cara de la tragedia: los “detransitioners”

Decía antes que el último paso en el proceso era la cirugía corporal, pero esto no es del todo cierto. Hay un paso añadido, un paso que cada vez un mayor número de personas empieza a dar: el paso de des-transicionar, de revertir el proceso que pusieron en marcha en la pubertad. Pero, en la mayoría de los casos, esa reversión es imposible.

Es difícil saber cuántas personas se arrepienten oficialmente de haber transicionado, porque no hay ningún dato fiable ni ninguna base. Además, los activistas activamente quieren ocultar no sólo su número, sino su mera existencia, pues pone en riesgo la premisa de su filosofía.

Ahora bien, existen y son muchos. La Dr. Littman entrevistó a 100 de estos llamados “detransitioners” para su última investigación[xix]. Shrier entrevistó a una docena para su libro, y sus historias son estremecedoras[xx]. Un grupo de Reddit[xxi] creado para estas personas ha alcanzado los ¡42 mil miembros!  La cuenta de un grupo en su defensa, “The Detransition Advocacy Network”, tiene casi 5 mil miembros[xxii]. En todo caso, en mi opinión, que exista solo un caso de una niña a la que se le dejó mutilar su cuerpo sin necesidad sería ya una tragedia.

Estos “detransitioners” se enfrentan a un arsenal de dificultades, empezando por el estigma sufrido y el rechazo de su antiguo grupo, que los considera unos traidores a la causa. Además, la transición seguida de una des-transición suele conllevar problemas obvios de identidad, confianza y estabilidad, al menos por un tiempo, como apunta Shrier[xxiii].

Pero especialmente si iniciaron algún tipo de transición médica, las consecuencias pueden ser absolutamente irreversibles; una chica arrepentida no puede hacer crecer de nuevo sus senos extirpados, por poner el ejemplo más típico. Ni deshacerse de los efectos de las drogas que ha ingerido durante años y han alterado su morfología y biología para siempre.

En este punto, surge una duda natural: ¿y los padres? ¿Cómo permitieron los padres que les ocurriera esto a sus hijos? Muchos padres bienintencionados, y normalmente de ambientes y valores progresistas, no pensaron en las consecuencias irreversibles, o no estaban adecuadamente informados; simplemente quisieron ayudar a sus hijos, haciendo caso de su autodiagnóstico, en algo que les parecía moderno. Pero, en general, el activismo de género hace uso de una táctica infalible para doblegar a padres, educadores y sociedad: el chantaje emocional. “Si tu hijo te dice que es trans y no le transicionas, puede suicidarse. ¿Prefieres una hija trans o un hijo muerto?” Este es el mantra literal que todo activista que se “precie” repite.

Mantra que se demuestra falso y manipulador. Aunque los estudios existentes sugieren que la tasa de suicidios o tentativa de suicidios en la comunidad trans es mucho mayor que en el resto de la población[xxiv], no hay ningún estudio que diga que la causa del suicido es directamente la disforia; lo que parece es que, junto con la disforia, suelen convivir otros problemas mentales. Además, los estudios existentes no muestran ningún cambio en la tasa de suicidio o autolesiones en jóvenes trans antes de transicionar o después de transicionar[xxv]. Todo esto, añadiría yo, si para empezar ya aceptamos como partida que lo que de verdad le pasa a ese joven es que es trans.

Adicionalmente, en dos estudios realizados muy recientemente, un porcentaje elevado de “detransitioners” entrevistados afirmaban que la transición ni les ayudó a aliviar su disforia[xxvi] ni les ayudó en su salud mental[xxvii]. Estos resultados vuelven a echar por tierra esta premisa de los activistas y su asqueroso chantaje emocional.

Muchos de estos “detransitioners” se preguntan cómo pueden haber tirado su vida a la basura en la pubertad; muchos se preguntan cómo el sistema les pudo dejar, incluso fomentar, cometer semejantes atrocidades en su propio cuerpo. Las demandas ya han empezado, y auguro que se multiplicarán los próximos años. El caso de Keira Bell, la primera en demandar al sistema por su negligencia, va a sentar un precedente para muchos otros y estos jóvenes van a venir reclamando responsabilidades, como debe ser.

¿Vuelta a la razón? No en España

Gracias a Dios, en algunos lugares parece estar empezando a echarse el freno a tanto disparate. El Reino Unido anunció en julio que va a cerrar la clínica Tavistock[xxviii], el centro público que llevaba 3 décadas tratando a niños y adolescentes con problemas de género. Este cierre se produce tras un informe demoledor que alertaba de graves deficiencias, entre otras cosas, que se había apresurado de forma acelerada a muchos niños a transicionar, que el uso de drogas en niños no tenía suficiente estudio clínico y que la terapia adecuada para tratar disforia en niños no necesariamente debía ser la afirmación[xxix].

En febrero de este año, el “National Board of Health and Welfare” de Suecia dio un giro de 180 grados a sus protocolos de tratamiento para personas con disforia, eliminando los bloqueadores de la pubertad y hormonas para menores de 18 años y dejando de recomendar el cuidado afirmativo como el estándar terapéutico[xxx]. Finlandia ha seguido un camino similar a su vecino nórdico[xxxi]. Noruega, Alemania o Irlanda están, igualmente, restringiendo el acceso a hormonas.

Mientras el mundo se da cuenta de los males de la terapia afirmativa y del peligro que conlleva iniciar a niños por ese camino, en España, el Proyecto de Ley Trans recién presentado ante el Congreso copia todo lo malo que se ha hecho anteriormente en otros países; toda la Ley es una oda a la autoidentificación y al deber de todos (administraciones, médicos, centros educativos y familias) de afirmar la identidad elegida, incluyendo a los menores. Por si hubiera dudas, el artículo 17[xxxii] veladamente prohíbe todo lo que no sea cuidado afirmativo.

Además, esta Ley permitiría a niños entre 12-16 años mutilar sus cuerpos sin necesidad de consentimiento paterno, sólo mediante consentimiento informado (artículo 19.2)[xxxiii]. Es decir, una niña de 12 años puede firmar un papel diciendo que entiende y acepta lo que está haciendo (como si a esa edad se tuviese la más mínima idea) y acceder a cirugías que le extirpen los senos o le modifiquen sus genitales. ¡Con 12 años!

Otra de las cuestiones más criticables de este proyecto de ley es que, a través de sus artículos 31 y 66.4[xxxiv], abre la puerta a la invasión del Estado en la autonomía familiar – llegando incluso a la retirada de la custodia de hijos – si los padres no “respetan” y “protegen” a sus hijos LGBTI, es decir, si no afirman la identidad del niño que se considera trans.

Mi opinión personal: este proyecto de ley es una aberración y, por el bien de nuestros hijos, jamás debe ser aprobado en Cortes.

Qué está pasando realmente

¿Qué les pasa a estas nuevas generaciones? ¿Por qué la ideología de género ha tenido tanto recorrido, especialmente en esta franja de edad tan concreta? Pues, en mi opinión, lo que ocurre en Occidente no es un problema de identidad de género, sino de salud y estabilidad mental.

Nuestras sociedades tienen serios problemas de estabilidad mental en la población adolescente; problemas que han escalado por culpa del COVID. En los últimos años los datos de suicidios, autolesiones, depresiones, ataques de ansiedad y otros indicadores de profundo malestar no han dejado de crecer alarmantemente en la mayoría de los países occidentales (Estados Unidos[xxxv], Reino Unido[xxxvi], Canadá[xxxvii] y España[xxxviii], por citar algunos).

Muchos factores pueden explicar esta triste realidad. Por empezar por el más político de ellos, hay que comprender que la narrativa woke es tremendamente peligrosa para los jóvenes: por un lado, se victimiza a la mujer y se le dice que está subyugada; y, por el otro, se ataca toda forma de masculinidad como tóxica. Mujeres víctimas y hombres malos… No es raro que ciertos adolescentes, en una época de cambio y descubrimiento, renieguen de esas categorías tradicionales que aparentemente no les aportan mucho. Pero esa renuncia no viene libre de consecuencias, y no trae estabilidad mental o emocional… ¿quién eres, pues?

Otro factor político-social es que vivimos en una sociedad en el que se prima la victimización. Entre el auge de la narrativa postmodernista, que analiza todo en torno al binomio opresores-oprimidos, y una predisposición cristiana a cuidar del más débil, nuestras sociedades tienen en mayor consideración a esas minorías o personas oprimidas. Así, tendemos a dar mayor estatus social, voz y reconocimiento a las víctimas.

El problema es que cuando se valora algo, se genera un incentivo para que la gente lo alcance; en este caso, hay una carrera en nuestras sociedades para considerarse víctima y oprimido, para así ganar en poder y reconocimiento. Nadie quiere ser de la mayoría “opresora”, especialmente de la mayoría blanca, o patriarcal, o capitalista, o heterosexual. Y, llegados a este punto, tampoco de la mayoría “cis”-género. Lo curioso es que nadie puede cambiar su color de piel, su raza o su estatus (de momento…) pero cambiar el género es algo que se ha vuelto muy fácil.

La mejor manera de ganar puntos de víctima en el momento actual es declararse trans. Y la forma más tramposa y cobarde de declararse trans es decir que eres “no binario”. Así, instantáneamente, sin ninguna necesidad de transición social o médica, sin cambio de ningún tipo, automáticamente eres el más cool y moderno del lugar. Cuando veo a una celebridad, estilo Demi Lovato[xxxix], en la portada de una revista declarándose no binario y haciendo afirmaciones del tipo de “yo es que no encajo” me dan ganas de reír, hasta que me doy cuenta de que millones de adolescentes siguen su ejemplo, y entonces lloro. Vaya nivel de postureo y narcisismo más deleznable.

Pero claro, ser víctima es lo contrario a ser independiente, libre, autónomo. Sentirse víctima lleva a la desesperación, pues hace pensar que nada está en tus manos, que nada que puedas hacer va a resultar en algo bueno en tu vida. Creerse víctima no genera ningún tipo de estabilidad mental o emocional.

Un tercer factor social que contribuye a estos problemas puede ser la imperante cultura de sobreprotección de los niños (tanto a nivel físico como intelectual o moral). Esta sobreprotección está creando generaciones cada vez más frágiles, como apunta el profesor Jonathan Haidt[xl], pues se basa en una idea de seguridad de los niños que va más allá de la seguridad física y psíquica para incluir seguridad “emocional”.

Este nuevo concepto implica, en la práctica, una completa protección a las nuevas generaciones sobre cualquier crítica, idea, argumento o pensamiento que ellos no quieran escuchar, pues escuchar algo que uno considere, subjetivamente, “ofensivo” es considerado “violencia”. El auge de los llamados “espacios seguros” en las universidades es la prueba más palmaria de esta tendencia.

Haidt considera que las personas somos “antifrágiles”, copiando el término de Nicholas Taleb. Es decir, en oposición a las cosas frágiles, la antifragilidad implica que algo, sometido a estrés y presión, se vuelve más fuerte en lugar de romperse. Los seres humanos, igualmente, en general nos volvemos más “duros” al atravesar relativas dificultades. En opinión de Haidt y su coautor Lukianoff, “la obsesión moderna por proteger a los jóvenes de siquiera sentirse inseguros es una de las mayores causas del auge de suicidios, depresión y ansiedad”[xli].

Otro factor de inestabilidad en los adolescentes sobre el que Haidt ha escrito ampliamente son las redes sociales[xlii]. En el tema trans, ya advertimos que Littman y Shrier habían observado cómo la mayoría de las adolescentes con supuesta disforia habían pasado inmersas en redes mucho tiempo.

Parafraseando a un famoso locutor, sin ánimo de ser exhaustivo, los males de las redes, especialmente para adolescentes, son los siguientes: incentivan el narcisismo y las ganas de destacar, consiguiendo posts o fotos virales; generan ansiedad o incluso depresión, al ver cómo uno no es tan popular como le gustaría; incentivan el tribalismo, pues fomentan la lucha y la oposición como forma de conversación; crean adicción; y dan acceso a estos jóvenes a todo tipo de contenido, sin filtros ni trabas.

Los estudios sobre redes suelen centrarse en Facebook, Instagram o YouTube, al tener mayor recorrido, pero una de reciente aparición es, en mi opinión, la más peligrosa y la que más acentúa los males listados arriba: TikTok. TikTok es el estercolero de la humanidad. TikTok es un arma de destrucción masiva de adolescentes. No soy yo quién para dar recomendaciones, pero me atrevo a lanzar una aquí: alejen a sus hijos de TikTok como de la plaga.

Honestamente, visto el panorama al que se enfrentan, es comprensible que las nuevas generaciones estén teniendo dificultades para lidiar con la realidad. El fenómeno trans no es sino un escape a este problema, algo que convierte a un adolescente en especial, transgresor y víctima al mismo tiempo; es decir, todo lo que está buscando, todo lo que la sociedad actual parece alabar. Y todo lo que alimenta su narcisismo interno, exponencialmente multiplicado en redes.

Lo normal es que estos adolescentes avancen por la vida y vayan perdiendo sus miedos, y encontrándose a sí mismos, como todos hicimos. Pero, claro, si por el camino un pseudo-culto de género le ha atrapado y ha tomado decisiones como vivir durante años aparentando ser otro, inyectarse hormonas o mutilar su cuerpo, pues las consecuencias pueden ser – son – irreversibles.

No lo podemos permitir. Si los activistas de género vienen a por nuestros hijos, al menos a por los míos, se van a encontrar con una resistencia de furia.

Notas


[i] https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0202330

[ii] https://www.plasticsurgery.org/documents/News/Statistics/2017/plastic-surgery-statistics-full-report-2017.pdf

[iii] https://www.nytimes.com/2022/06/10/science/transgender-teenagers-national-survey.html

[iv] https://www.express.co.uk/news/uk/1018407/gender-transition-treatment-investigation-penny-mordaunt

[v] “Irreversible Damage”, Abigail Shrier, página 26

[vi] https://www.infolibre.es/politica/reto-legislar-derechos-trans-son_1_1195059.html

[vii] “Irreversible Damage”, Abigail Shrier,

[viii] https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC5841333/

[ix] “The End of Gender”, Debrah Soh, página 156

[x] https://www.nytimes.com/2022/11/14/health/puberty-blockers-transgender.html

[xi] “Irreversible Damage”, Abigail Shrier, página 165

[xii] “Irreversible Damage”, Abigail Shrier, página 165

[xiii] “The End of Gender”, Debrah Soh, página 157

[xiv] “Trans – When Ideology Meets Reality”, Helen Joyce, páginas 82-83

[xv] “Irreversible Damage”, Abigail Shrier, página 169

[xvi] “Trans – When Ideology Meets Reality”, Helen Joyce, páginas 82-83

[xvii] “Irreversible Damage”, Abigail Shrier, página 171

[xviii] “Irreversible Damage”, Abigail Shrier, páginas 176-178

[xix] https://link.springer.com/content/pdf/10.1007/s10508-021-02163-w.pdf

[xx] “Irreversible Damage”, Abigail Shrier, capítulo 10

[xxi] https://www.reddit.com/r/detrans/

[xxii] https://twitter.com/detransadv

[xxiii] Irreversible Damage”, Abigail Shrier, capítulo 10

[xxiv] https://www.hrc.org/news/new-study-reveals-shocking-rates-of-attempted-suicide-among-trans-adolescen

[xxv] “Irreversible Damage”, Abigail Shrier, páginas 117-118

[xxvi] https://segm.org/first_large_study_of_detransitioners

[xxvii] https://link.springer.com/content/pdf/10.1007/s10508-021-02163-w.pdf

[xxviii] https://www.theguardian.com/society/2022/jul/28/nhs-closing-down-london-gender-identity-clinic-for-children

[xxix] https://cass.independent-review.uk/publications/interim-report/

[xxx] https://segm.org/segm-summary-sweden-prioritizes-therapy-curbs-hormones-for-gender-dysphoric-youth

[xxxi] https://www.nationalreview.com/corner/fins-turn-against-puberty-blockers-for-gender-dysphoria/

[xxxii] ídem

[xxxiii] https://www.congreso.es/public_oficiales/L14/CONG/BOCG/A/BOCG-14-A-113-1.PDF

[xxxiv] ídem

[xxxv] https://www.nytimes.com/2022/04/23/health/mental-health-crisis-teens.html?smtyp=cur&smid=tw-nytimes

[xxxvi] https://www.disabilityrightsuk.org/news/2022/october/suicide-rates-record-high-amongst-15-19-year-olds#:~:text=In%202020%2C%20147%20young%20people,Mental%20Health%20Services%20

[xxxvii] https://www.statcan.gc.ca/o1/en/plus/907-youth-mental-health-spotlight-again-pandemic-drags

[xxxviii] https://consaludmental.org/sala-prensa/salud-mental-espana-reclama-prevencion-recursos-infancia-adolescencia-juventud/#:~:text=mental%20y%20j%C3%B3venes-,El%20informe%20%60Bar%C3%B3metro%20Juvenil%20sobre%20Salud%20y%20Bienestar%202021%C2%B4,casi%20el%20doble%20de%20mujeres

[xxxix] https://www.rollingstone.com/music/music-news/demi-lovato-non-binary-coming-out-pronouns-1171379/

[xl] “The Coddling of the American Mind”, Greg Lukianoff y Jonathan Haidt

[xli] “The Coddling of the American Mind”, Greg Lukianoff y Jonathan Haidt, página 24

[xlii] https://jonathanhaidt.com/social-media/

Sobre la ideología de género y el activismo trans (II) – por qué es preocupante

Una vez discutida la inconsistencia y fallos de la narrativa de género, queda preguntarse por qué es algo que debe preocuparnos. Normalmente, incluso las personas que no aceptan esta ideología tienden a infravalorar el peligro que representa, desechándola como algo folclórico y minoritario; algo falso, pero de poca magnitud y sin mayor gravedad.

Sin embargo, creo que esta visión es equivocada. La narrativa trans es extremadamente preocupante en tres niveles: político, social y personal.

A nivel político, porque esta ideología de género es parte del mismo discurso postmodernista, encarnado ahora en el venenoso movimiento woke. Todos los que defienden la ideología de género son los mismos que defienden que Occidente es un heteropatriarcado opresor, que el capitalismo es malo y solo produce desigualdad y contaminación, que Estados Unidos es un país racista, y toda la retahíla habitual de consignas progres. No es de extrañar que uno de los mayores autores postmodernistas, Michel Foucault, escribiese extensamente sobre sexualidad.

Esta narrativa postmodernista niega la existencia de una realidad objetiva y de cualquier tipo de estándar. Para ellos, no hay verdad, no hay valores objetivos, no hay una bien y mal absolutos, sino que todo es una construcción social impuesta por un grupo para dominar a los demás – en Occidente, el hombre blanco cisgénero y heterosexual.

Este es el enemigo para este movimiento woke, y su objetivo confeso es destruir sus instituciones, su sistema, su “verdad”.  Occidente y sus estructuras deben caer, y eso incluye la estructura biológica también.

Es más, la biología es el punto límite. Si ante este ataque no somos capaces ni de defender algo tan elemental como la biología, no hay nada detrás de eso que vayamos a sostener en pie. Sin querer ser conspiranoico, afirmo que si se pierde la batalla trans se pierde la batalla contra la realidad, y se pierde Occidente.

Si dejamos que destruyan los más elementales conceptos de hombre y mujer, ¿creemos que hay algo que no van a poder derribar? Si aceptamos la visión woke, ¿alguien cree que vamos a plantar batalla cuando se deshagan de la economía de mercado? ¿Cuándo centralicen el poder? ¿Cuándo confisquen el patrimonio personal de los ciudadanos? ¿Cuándo digan que la democracia es opresora y se inventen un gobierno por cuotas minoritarias? ¿Cuándo destruyan la familia nuclear?

O, por si esto les suena radical y de difícil alcance, les planteo cuestiones más cercanas que ya están en marcha: si no defendemos que el hombre es hombre y la mujer, mujer, ¿creen que vamos a hacer algo cuándo nos racionen la energía? ¿Cuándo impongan una moneda digital central atada a la huella de carbono de cada persona? ¿Cuándo nos prohíban comer carne o viajar en avión? ¿Cuándo hagan programas de esterilización para limitar el crecimiento de la población?

Es un (uno más) experimento de ingeniería social a escala, un neo-marxismo cultural que viene a reimponer su visión, y la última – o la primera – línea de defensa es la biología.

A nivel social, la ideología de género es preocupante porque es radicalmente imposible construir una sociedad medianamente estable sin ningún tipo de referencia, ninguna estructura, ningún estándar, siendo lo único que vale el sentimiento subjetivo de cada persona. Si cada uno de nosotros puede construir una realidad a su antojo (según se “sienta” o se “identifique” en cada momento) ¿cómo es posible ponerse de acuerdo en nada? Si una sociedad pierde las referencias más elementales, las biológicas, ¿cómo va a tener referencias de valores, de cultura, de estética, de orden?

A su vez, la proposición de la ideología de género de que las personas pueden alterar la realidad a su antojo, y que el resto del mundo tiene el deber de “respetarles”, es algo tremendamente peligroso. Este mensaje, especialmente dirigido a jóvenes, necesariamente genera narcisismo, pues se les está diciendo a estas nuevas generaciones que sus sentimientos personales no sólo son superiores a todo lo demás, incluidos los sentimientos de otros, sino a la realidad misma; y necesariamente genera inestabilidad, pues inevitablemente, tarde o temprano, estos chavales se van a dar de bruces con la dura y cruda realidad.

Tengo claro que, al otro lado de esta ideología, en 1-2 generaciones, no vamos a tener a jóvenes más fuertes, más estables, más generosos y respetuosos, más sanos y preparados para triunfar en la vida; no. Vamos a tener generaciones de jóvenes destrozados por dentro y por fuera.

También hay algo preocupante cuando una sociedad invierte su sistema de toma de decisiones, y acaba articulando unas normas basadas sobre unas muy pocas excepciones en vez de alrededor de los principios mayoritarios. El mejor ejemplo de esta dinámica se ve en la última moda woke de poner en redes los pronombres de tu elección. Así, llegamos al absurdo de ver a millones de hombres teniendo que aclarar que usan “he/him”, por si no quedaba claro por su nombre, su fisiología y su pene.

Porque se ha invertido el concepto tradicional de “tolerar” y se ha confundido con
“incentivar”; se ha confundido “respetar” con “promover”. Tolerar y respetar las decisiones de una minoría es muy loable en una sociedad libre, pero pretender que toda la sociedad tenga que adaptarse y guiarse por las ideas de esa minoría es algo ilógico y, francamente, autoritario.

En el caso de la ideología de género, esta inversión es evidente. El tema trans es un tabú social, uno de esos campos de minas donde sólo puedes adentrarte si es para dar la razón a la masa; es decir, la manera de mostrar “tolerancia” solo pude ser promoviendo la visión de la ideología de género. Una nueva prueba de ello es el anteproyecto de Ley Trans en España, que en sus artículos 27-29 otorga a las administraciones prácticamente poder discrecional para eliminar del discurso público todo aquello que no se pliegue a los planteamientos de la ideología de género.

Por último, pero el más importante, el fenómeno trans es preocupante a nivel personal porque está causando daños irreversibles (como diría Abigail Shrier) a miles y miles de personas, la gran mayoría adolescentes, la gran mayoría niñas.

En la siguiente entrada, ahondaré en este nivel personal, y hablaré de lo que criminalmente se les está haciendo a los niños en nombre del activismo de género.

Sobre la ideología de género y el activismo trans (I) – qué es y por qué es falsa

El fenómeno trans es la última gran batalla cultural que se libra en Occidente. La ideología trans se ha popularizado recientemente, especialmente entre la llamada Generación Z, en la que cada vez más jóvenes se identifican con alguna de las 97 identidades de género distintas[i] ya en circulación. Sin embargo, para otra gran parte de la población, el simple hecho es que solo existen hombres y mujeres, según la biología de cada persona.

La batalla cultural también ha dado el salto a la política. En España, esta narrativa de género se está plasmando, entre otras, en la llamada Ley Trans[ii], ahora en tramitación parlamentaria. En otros países occidentales como EE. UU., Reino Unido o los países nórdicos, la narrativa trans lleva más años de recorrido.

Qué es esta ideología

La ideología trans, impulsada desde el sector más radical y nihilista del progresismo, es difícil de sintetizar, en parte por su incoherencia interna y en parte por su multiplicidad de aristas, pero a grandes rasgos sigue este razonamiento:

La sexualidad de las personas se descompone en sexo – nuestra biología, que es binaria y puede ser hombre o mujer – y en género, que son los roles, normas, atributos, percepciones relativas a nuestra sexualidad. Según esta narrativa, la identidad de género – cómo nos sentimos o identificamos cada uno – no se limita a dos polos opuestos (masculino y femenino) sino que es un espectro, un infinito abanico de posibilidades con las que cada uno se puede identificar. Lo roles tradicionales de género, encasillados en los dos polos, son un constructo social, una imposición de las sociedades heteropatriarcales, que históricamente han obligado a todo el mundo a presentarse como hombre o mujer de manera cerrada. Sin embargo, esto no es así y es hora de derribar esta concepción, liberando a cualquier persona para que pueda elegir su género, ya sea este el mismo que su sexo (cis-género), el contrario a su sexo (trans-género), o directamente ni uno ni otro (no binario o queer).

Qué fallos tiene

De esta sucinta definición de la narrativa trans empiezan ya a surgir multitud de dudas e incoherencias. Veamos las 5 incongruencias más graves:

1. Su uso de la condición de “trans” y su significado histórico

La primera falacia de la narrativa trans ha sido tomar una aflicción real de una minoría de la población, y falsamente generalizarla para presentarla como una cuestión de elección personal universal.

Históricamente, “trans” (o transexual) se usaba para referirse a personas que sufrían disforia de género, esto es, una severa y persistente incomodidad con su cuerpo biológico. La disforia de género era y sigue siendo catalogada como un desorden mental (“desorden” no entendido como algo despectivo sino meramente descriptivo). Su estudio clínico tiene más de 100 años de literatura y se calcula que entre el 0,01%-0,6% de la población lo ha sufrido históricamente[iii][iv].

En muchas ocasiones, las personas que sufren disforia deciden transicionar hacia el otro sexo, ya sea una transición social – presentarse, vestirse y referirse a uno mismo como del otro sexo – o médica – hacer transformaciones químicas y quirúrgicas en su cuerpo para adquirir la apariencia del otro sexo.

Es innegable que las personas con disforia de género existen, aunque sean muy pocas, y la decisión de un adulto de tomar las medidas que considere oportunas para lidiar con su aflicción merece, a priori, tolerancia y respeto.

Sin embargo, esta nueva narrativa no pretende circunscribir el fenómeno trans a las personas con disforia, sino que abiertamente aboga por una deconstrucción total de las categorías de hombre y mujer, masculino y femenino. Toda la humanidad, toda, puede decidir, como en un menú a la carte, lo que quiere ser en cada momento.

Este artículo no trata de los primeros, los históricos transexuales y aquellos que genuinamente sienten disforia, sino de esta narrativa de género y los neo-trans que está generando, esos que se identifican con hasta 97 cosas distintas. Conviene recordar que son grupos distintos y, en este caso como en muchos otros, los activistas profesionales no representan necesariamente al grupo real.

2. Su manipulación de la terminología

El uso, abuso y cambio del lenguaje es seña de identidad de toda la narrativa postmodernista, y también lo es en el caso de la ideología de género. Tradicionalmente, las personas sólo teníamos sexo; éramos hombres o mujeres biológicamente, dependiendo de los gametos sexuales que cada uno produjese. La descomposición de la sexualidad en dos conceptos distintos, “sexo” y “género”, no se dio hasta la década de los 50 (no hay tiempo aquí para hablar de uno de los creadores del término “identidad de género”, el sexólogo John Money, a todas luces un absoluto degenerado).

Aceptar esta descomposición de la sexualidad en dos términos ya requiere cierto esfuerzo mental, pero puede tener alguna validez. Ahora bien, el siguiente paso que se dio fue el de desligar ambos términos entre sí: ahora, nos dice la narrativa trans, el género no está vinculado con el sexo; la manera tradicional de entender los roles de género es un “constructo social”. En verdad, da igual tu realidad biológica, tu género es completamente independiente y lo puedes elegir como te plazca…Esto ya supone un triple salto mortal alejado de toda lógica y realidad, aunque sólo sea porque algo tendrá que ver uno con lo otro cuando el 99% de la humanidad identifica su sexo con su género. A este respecto, merece la pena leer a la sexóloga Dr. Debrah Soh y su libro “El fin del género”.

Pero el activismo trans no se queda ni mucho menos aquí: no sólo el sexo biológico y el género están desligados, sino que lo que prima es el género, el cómo tú te sientas; lo que determina lo que tú eres no es la biología sino tu sentimiento. Y si te sientes mujer, aunque tengas pene, eres mujer…

Y el último e increíble salto cuántico de la narrativa trans ha sido negar el propio sexo biológico (no el género, no; el sexo). El término de moda entre los activistas es SAAB o “sex assigned at birth” para referirse al sexo que el médico o la matrona asignó a un individuo al nacer. Aparentemente, no es que ya un adulto pueda elegir su género, sino que su sexo tampoco es real sino que alguien lo “asignó” de bebé…

3. Su base en los más anticuados estereotipos

Para deconstruir las categorías binarias de hombre-mujer, la ideología de género se basa en los más rancios clichés de lo que éstas significan. Al renegar de los marcadores biológicos por completo, esta ideología tiene que recurrir a elementos sociales para explicar lo que cada género es, cayendo en los más arcaicos tópicos imaginables, como apuntan los profesores Jose Errasti y Marino Pérez en su reciente libro[v].

Así, esta narrativa acaba argumentando que el género es un espectro y no algo binario porque no todos los hombres son típicamente masculinos – prototipos de machos – ni todas las mujeres típicamente femeninas – prototipos de barbies . Es decir, si eres una mujer algo más masculina, llevas el pelo corto, te gustan los deportes y demás tópicos ligados a la masculinidad, entonces es que no eres realmente una mujer, sino un hombre atrapado en el cuerpo de una mujer. Y si no eres ni un macho ni una barbie es que… eres no-binario.

Esto no es una simplificación; vean cualquier entrevista con un neo-trans, o lean cualquiera de sus panfletos propagandísticos dirigidos a niños (sí, a niños)[vi] y verán que es así su superficialidad. Vean los vídeos del TikToker trans más famoso del momento, Dylan Mulvaney, flamante reciente invitado a la Casa Blanca, y verán lo pueril y trivial de su concepción de ser mujer [vii] .

Ni que decir tiene que un movimiento que se define “progresista” se ancle en estos estereotipos es chocante, por no decir una clara farsa intelectual. Es evidente que existen muchas formas de ser mujer o de ser hombre; hay un universo de experiencias dentro de la masculinidad y la feminidad sin tener que derribar ambas categorías, porque hay un universo de personas con su individualidad.

Porque la realidad es que, como deja bien claro la Dr. Soh[viii], el género sí está ligado al sexo y tiene origen biológico. No es un espectro. Lo que es un espectro son las emociones y sentimientos que cada uno puede tener, de manera perfectamente libre y respetable: siéntete lo que quieras pero dentro de una realidad básica.

Al final, estos neo-trans pecan de un desfasado narcisismo al considerar que elles son tan especiales, tan únicos en el mundo y en la historia, que la propia biología y las categorías que han servido a trillones de personas antes no les sirven a ellos para definirse.

4. Su carácter anti-mujer y anti-gay

Esta estereo-tipificación del género nos lleva a otra gran incoherencia del nuevo movimiento trans, y es su radical incompatibilidad con otras causas con las que, de manera inexplicable, se la hermana. Simple y llanamente, la ideología de género es anti-mujer y anti-homosexualidad.

Empecemos por la mujer. Si cualquiera puede decidir ser mujer en cualquier momento, sólo con sentirlo, entonces ¿qué es una mujer? Matt Walsh, de Daily Wire, ha hecho un documental con ese preciso título (“what is a woman?”) que es demoledor, por el simple hecho de que nadie, ningún sólo activista de género, ni un solo neo-trans, ni un solo teórico queer, fue capaz de responderle a la pregunta. La respuesta más común dentro de la ideología de género es que “una mujer es alguien que se identifica como mujer”, lo cuál es el mejor ejemplo de una definición circular que a nadie se le puede ocurrir. Una vacuidad extrema. ¿Se identifica con qué, si la categoría no existe?

El grito de guerra del movimiento trans – “las mujeres trans son mujeres”- es otro ejemplo paradigmático de estas incoherencias: si esa afirmación fuese cierta, ¿por qué hay siquiera que poner el adjetivo “trans” en la propia afirmación? Acaso será porque las “mujeres trans” necesariamente son algo distinto de las demás “mujeres”.

El hecho es que la narrativa trans reduce a la mujer (y al hombre) a la nada, como bien apunta la periodista del Economist Helen Joyce[ix]. Toda la experiencia femenina; toda la sensibilidad, particularidades biológicas y reproductivas; todas las luchas y barreras propias de las mujeres; toda la maravillosa complejidad de ser mujer reducida a cualquier sentimiento individual y pueril de un hombre que, de repente, decide que él es mujer. Tanto se reduce a la nada que hasta quieren eliminar la propia palabra “mujer” y pretenden que se use el apelativo “personas con capacidad de menstruar” para referirse a las mujeres biológicas, para que así las mujeres trans no se sientan ofendidas… ¿Tendrán las mujeres biológicas también posibilidad de ofenderse ante esta laminación de su existencia?

Esto va unido a la inevitable consiguiente ocupación de estas “mujeres” trans de los espacios femeninos, desde los cuartos de baño a las competiciones deportivas – donde hombres biológicos que antes eran atletas masculinos de tercera se han puesto a arrasar en competiciones femeninas (el más famoso caso el de el/la nadadora Lia Thomas); desde las cárceles de mujeres a los premios de reconocimiento. Bendita ironía que Caitlyn Jenner, antes Bruce, ganó el Premio a la “Mujer del Año” de la revista “Glamour” en su primer año siendo “mujer”…

No es sorprendente, por tanto, que las mayores detractoras de esta ideología de género vengan del feminismo clásico; mujeres que llevan años, décadas, luchando por la igualdad de hombre y mujer para que ahora vengan a decirles que la mujer no existe, que cualquier puede serlo si así lo siente. En el mundo neo-trans, a estas feministas las llaman con el despectivo apelativo TERF (“trans-exclusionary radical feminist”). En España, por ejemplo, Lidia Falcón, histórica líder del Partido Feminista, se ha posicionado tan fervientemente en contra del proyecto de Ley Trans[x] que su partido ha sido expulsado de Izquierda Unida.

Y, de la misma manera, la ideología de género es profundamente anti-homosexual. Que la “T” de trans vaya unida a las LBGQ del progresismo sexual es una de las mayores ironías que existen. Hace poco, un periodista gay, Ben Appel, advertía en un revelador artículo en Newsweek[xi] que “para los adultos homosexuales como yo, está claro que este activismo (trans) no promueve nuestra igualdad, sino que de hecho compromete nuestra habilidad de vivir en paz y en sociedad”.

Si el hombre y la mujer no existen, son solo un sentimiento, ¿dónde quedan los homosexuales, cuya definición es que te gusta aquello que ahora no existe? Ser homosexual conlleva intrínsecamente aceptar unos axiomas: yo soy de un sexo, me atrae mí mismo sexo, y esto es lo que me define. Estos axiomas son claramente irreconciliables con los planteamientos de la ideología de género, que no sólo denigran el sexo en pos del género sino que opinan que ésto último es lo que te define, siendo el sexo algo accesorio.

Además, esta ideología de género que está dominando la narrativa sexual lo hace, en la práctica, a expensas de cualquier otra posible explicación; se prima la narrativa trans por encima de cualquier otra posible consideración sexual. Según la práctica totalidad de estudios sobre disforia de género en adolescentes (aunque la literatura es escasa)[xii], una gran parte de los adolescentes que tuvieron una fase trans y posteriormente se echaron atrás acaban resultando ser homosexuales a los que, en vez de aceptar su sexualidad, se les convenció de que en realidad eran trans. Abigail Shrier también descubrió está dinámica en su investigación para su excepcional libro “Daño Irreversible”.

5. Su evidente negación de toda realidad

Por no alargar más la lista de incoherencias, aunque hay muchas más, acabaremos por la más obvia: la desconexión total de la ideología de género con la realidad.  

Primero, claro está, la ideología de género niega la que es quizás la estructura más básica y primaria que existe en la naturaleza: la biología y el binomio sexual. Es tan flagrante su falta de apego la realidad en este campo que no hay ni que perder tiempo desgranando la idea.

Por otro lado, la premisa fundamental de este movimiento es que cada uno puede elegir su género según cómo se sienta, y este sentimiento lo convierte en realidad. Es más: el resto del mundo tiene el deber de validar (o “afirmar”, palabra más del uso en el lingo trans) ese sentimiento, so pena de ser tachado de tránsfobo.

El absurdo de esta proposición es más que evidente, y no aplica a ningún otro tema imaginable. Si sentirnos algo lo convierte en realidad, ¿puedo yo tener 70 años porque “me siento viejo”, pese a haber nacido en 1984? ¿Puedo ser delgado porque así lo siento, aunque pese 130 kilos? ¿Puedo ser negro, aunque mi piel sea blanca, si así lo quiero?¿Puedo ser alto, fuerte, inteligente y encantador porque yo mismo lo decido? Preguntas retóricas, que no requieren respuesta dada su estupidez; sin embargo, el activismo de género ha decidido que en el tema sexual se abandone toda lógica.

El problema de raíz de este modo de pensar es que niega la existencia de una realidad objetiva, especialmente en cuestiones relativas a identidad. Esto es, obviamente, una falacia, puesto que la realidad sí que existe. Hay cosas que son, y no están abiertas a interpretación ni a discusión. No puede haber un debate sobre si existe la noche o el día, sobre si este lado es la izquierda o la derecha, o sobre si un metro mide 100 cms… Y, hasta hace bien poco, parecía obvio que tampoco se podía negar que existen los hombres y las mujeres pero, claro, vivimos en la era de la distopia.

También resulta bastante incongruente que estos activistas de género, que consideran que toda realidad es un constructo social, de repente, al llegar al tema de la identidad, promueven que lo único válido es como cada uno se autodefina. Pero, en verdad, la identidad individual sí que tiene un componente social: tú identidad no es sólo quién te sientes, sino quién eres en relación con tu entorno, con tu familia y comunidad, con tu cultura, con tus relaciones sociales, con unos valores, etc.

Pero lo más agresivo del movimiento trans no es que ellos consideren que pueden determinar su identidad subjetivamente, sino que obligan al resto del mundo a participar en su fantasía. Los neo-trans no se conforman con vivir ellos la vida que quieren, sino que pretenden imponernos a los demás su visión de la realidad: todos tenemos que aceptar que una mujer trans es una mujer de verdad, tenemos que llamarla por los pronombres que quiera, tenemos que permitir que vaya al cuarto de baño que quiera, y por supuesto tenemos que enseñar ideología de género en los colegios. Siguiendo con el ejemplo de antes, es como si yo, al sentirme que soy atractivo y encantador, pudiera obligar a los demás a que me llamen así y todos tendrían la obligación de acatarlo.

Y, si no participas del delirio colectivo, cae encima de ti el repudio social por ser un intolerante…Tolerancia, la palabra más corrompida por estos radicales, pues no exigen respeto a sus ideas sino sumisión.

Por último, una vez se abre la puerta a que cada cual pueda determinar lo que es según se sienta, no queda claro dónde – si acaso – quedan los límites de lo aceptable. Siguiendo el cauce de la ideología de género, ya hay gente que se identifica de un género unos días y de otro otros días («gender-fuid»); hay gente que se considera “trans-especie”, se identifican con un animal y se hacen llamar así; hay personas llamadas “age-sliders” que pretenden cambiar de edad; hay personas que se identifican como un fantasma o un diablo; hay personas perfectamente sanas que se consideran discapacitadas; y un largo etcétera de obvias degeneraciones, nacidas o del narcisismo de quien quiere llamar la atención, o de algún tipo de inestabilidad mental, pero a las que, según la narrativa imperante, debemos respetar, validar y empoderar.

(continuará en la siguiente entrada: Sobre la ideología de género y el activismo trans (II) – por qué es preocupante)

Notas


[i] https://twitter.com/libsoftiktok/status/1593124015367151618/photo/1

[ii] https://www.congreso.es/public_oficiales/L14/CONG/BOCG/A/BOCG-14-A-113-1.PDF

[iii] “Irreversible Damage”, Abigail Shrier, página xxv

[iv] https://williamsinstitute.law.ucla.edu/wp-content/uploads/Age-Trans-Individuals-Jan-2017.pdf

[v] “Nadie nace en un cuerpo equivocado”, José Errasti y Marino Pérez

[vi] https://chrysallis.org/recursos_trans_lgtbiq/guias-y-folletos_trans_lgtbiq/

[vii] https://www.tiktok.com/@dylanmulvaney?lang=en

[viii] “The End of Gender”, Debrah Soh, página 17

[ix] «Trans – when Ideology Meets Reality»; Helen Joyce, página

[x] https://www.vozpopuli.com/opinion/ofensiva-de-lo-trans.html

[xi]  https://www.newsweek.com/new-homophobia-opinion-1698969

[xii] https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC5841333/

Sobre Ucrania

Putin está a las puertas de Kiev y ya parece algo tarde para vagar por el pasado, pero merece la pena analizar las causas que nos han traído hasta aquí. Limitarse a tachar a Putin de dictador, sátrapa, loco, imperialista, agresor, etc. no es suficiente. Sí, Putin es todas esas cosas, pero hay razones más allá de él que explican la inaceptable invasión.

La actitud de Rusia solo tiene sentido analizarla dentro del contexto de la teoría realista y el balance de poder. La élite rusa, con Putin a la cabeza, considera la caída de la URSS una catástrofe política; Rusia perdió su estatus como una de las dos grandes potencias del mundo, perdió dominio sobre lo que considera su área de influencia, y ha visto crecientemente como desde Occidente se promuevan las ideas de democracia y seguridad atlántica hasta sus propias puertas. Estas ideas, si bien a todos nosotros nos parecen loables, en Moscú se ven como amenazas directas a su régimen y al lugar en el mundo que ellos creen les corresponde como potencia.

El progresivo acercamiento de la OTAN y la UE a las fronteras rusas es, sin duda, una alerta roja para Moscú. Si el cambio de vientos en Tiblisi o la unión de los países bálticos a la organización atlántica ya fue considerada una agresión, con la importancia relativa que estas repúblicas tienen, la invitación a Ucrania (un país de tamaño, con una importante población rusa y una gran frontera compartida) a integrarse en las estructuras occidentales era, sencillamente, inaceptable para Putin. Y si se puede opinar que ese miedo es injustificado, cabe pensar si en EE. UU. tolerarían que, por ejemplo, en Canadá se instalase un régimen satélite de China, con presencia militar incluida.

En este contexto de una percibida amenaza estratégica creciente, y unido a su evidente afán expansionista, Putin sin duda ha visto una oportunidad en la debilidad de Occidente. La más clara vulnerabilidad que padecemos, especialmente los países de centro y este de Europa, es la dependencia energética con Rusia. No es casualidad que las tropas rusas hayan atacado en febrero y no en julio; en el Kremlin saben que vamos a tener que seguir comprando su gas y petróleo, y que esa dependencia mitiga toda capacidad de sanción que podamos imponer. No es este el momento de ahondar en la nefasta política energética de Europa, pero basta decir que nos hemos disparado en nuestro propio pie al abandonar energías perfectamente viables y al imponer enormes costos y restricciones ambientales altamente discutibles.

Pero no solo esto; en Occidente, además, nos encontramos inmersos en un ridículo ejercicio de implosión. Y nuestros adversarios lo saben. El pensador Douglas Murray ya dijo hace poco que “tendremos a los bárbaros a las puertas y estaremos preocupados discutiendo qué pronombres llamarles”. Sería interesante preguntar ahora mismo a un ciudadano ucraniano si prefiere vivir en este aparente Occidente “heteropatriarcado opresor, tránsfobo, sistémicamente racista, y que solo genera desigualdad y contaminación” … o en esa maravillosa alternativa rusa que les está aplastando con tanques y bombas. El sonido de las carcajadas que deben llevar años sonando en Moscú y Beijing, al ver como nosotros mismos parecemos decididos a erosionar todo lo bueno que Occidente ha construido, se han transformado de la manera más cruda en el sonido de las alarmas anti-áreas de Kiev.

¿Cuál sería una salida óptima para Occidente y Ucrania, llegados a este punto? Una victoria y conquista rusa sería absolutamente indeseable, por supuesto. Putin querrá anexionar a Moscú gran parte del este de Ucrania, e instaurar un gobierno títere en Kiev controlando el resto del país. No hay que explicar en mayor detalle el por qué dejar que esto ocurra sería un desastre para Ucrania, el orden internacional y los intereses occidentales.

La salida opuesta, la victoria o resistencia de Ucrania (con apoyo pasivo occidental), no sólo es altamente improbable, por la disparidad de poderío militar, sino que también nos llevaría a una situación preocupante: dejar a un sátrapa derrotado, humillado y con ganas de revancha con un botón nuclear a su alcance no parece un escenario estable. Por mucho que nos gustaría ver a Putin de rodillas y con grilletes, la triste realidad es que va a haber que lidiar con él de una manera que no escale la situación fuera de control.

Esto nos lleva a una salida pactada, con una Ucrania neutra e íntegra como componente central. Y, para lograrlo, todos los actores se van a ver forzados a hacer concesiones.

Rusia va a tener que sacar sus tropas de Ucrania y garantizar su soberanía e integridad territorial. “Integridad” incluye al Donbás pero excluye a Crimea, por desgracia; Crimea, por mucho que les pese a los ucranianos, está perdida a manos de Rusia dese 2014.

Occidente va a tener que abandonar toda pretensión de integrar a Ucrania en la UE o en la OTAN. Ucrania deberá ser un territorio neutro, con capacidad de negociar y aliarse política y económicamente tanto con Rusia como con Europa, pero sin pertenecer formalmente a ninguna estructura.

Adicionalmente, en un plazo de 2-4 años, Occidente deberá ir relajando parte de las sanciones impuestas a la economía rusa. Y Rusia va a tener que negociar con el FMI, la UE., EE.UU. y la propia Ucrania un plan económico para el país.

Ucrania, por su parte, va a tener que aceptar la inmutable realidad de la geografía y la despiadada anarquía de las relaciones internacionales, donde “los fuertes hacen lo quieren y los débiles sufren lo que deben”, Tucídides dixit. En estos trágicos momentos, conservar un país soberano e independiente no es mala salida para el pueblo ucraniano.

Para llegar al punto donde sea viable un acuerdo, se debe trabajar para llevar a Putin a la mesa de negociación. Para ello, hay que continuar aumentando el coste de la guerra para Moscú. Ello pasa, en primer e inexorable lugar, por la resistencia ucraniana, que está demostrando tremenda valentía. Los ucranianos tienen que seguir resistiendo, y todo el mundo libre debe seguir apoyándoles, por vías políticas, económicas y militares, hasta donde sea posible. Debemos enviar material militar; debemos seguir imponiendo sanciones económicas; y debemos seguir con la presión política, aislando a Rusia de las instituciones internacionales. Hay más que fundadas sospechas de que Putin no previó ni el valor de los ucranianos ni la firmeza occidental, y hay que seguir presionando. Pese a que el Kremlin y sus oligarcas puedan aguantar, desde luego nunca se van a ver forzados a negociar si no empiezan a sufrir consecuencias. El coste de la guerra debe ser más alto que el coste de negociar.

Esta es la salida más realista, plausible y beneficiosa que parece abrirse para acabar con la situación actual, pero no implica que Occidente no deba adaptarse a largo plazo, ni Rusia “irse de rositas” tras su atroz agresión. Además de mantener parte de las sanciones, sobre todo al círculo más estrecho de Putin, la principal manera, y la menos agresiva, que tiene el mundo libre (especialmente la anciana Europa) de mitigar el poder e influencia rusas es limitar su dependencia económica y energética. Tenemos que diversificar nuestro sistema energético, empezando por una revolución nuclear en el continente, siguiendo por la construcción de más gas y oleoductos que no transiten por Rusia, y terminando por repensar las limitaciones ambientales que nos hemos autoimpuesto.

Y, finalmente, Europa debe aprender que la seguridad y defensa no son asuntos del siglo XX, sino que son y seguirán siendo tema central de las relaciones internacionales. Debemos, de una vez por todas, tomarnos más en serio y contribuir con los recursos que corresponden al sistema de seguridad atlántico… Y, si no, pues hasta la próxima invasión.

Contra el colectivismo

El colectivismo vuelve a estar de moda. Si parecía que esa filosofía destructiva había sido enterrada en el basurero de la historia, regresa enmascarada tras causas en apariencia nobles, pero con las mismas narrativas y premisas fallidas de siempre.

Por colectivismo me refiero a la filosofía que considera que la unidad primaria de realidad es el grupo. Las características colectivas prevalecen sobre las individuales y predeterminan cualquier acción o planteamiento de cualquier persona.

En su moda más reciente, el colectivismo viene de la mano del postmodernismo. La premisa postmodernista es que no existen absolutos, sino que la realidad que vivimos es una construcción social impuesta por el grupo dominante: no hay una realidad objetiva, no hay valores objetivos, nada. Cualquier concepción sobre estos temas es siempre una imposición de un grupo de poder sobre los demás, con el fin expreso de perpetuar esa jerarquía.

Este colectivismo postmodernista teje una narrativa clara: las sociedades occidentales están expresamente diseñadas para perpetuar el dominio de un grupo – el hombre blanco heterosexual – sobre los demás, que viven oprimidos bajo la jerarquía dominante. Cualquier disparidad de resultados sería evidencia clara de esa estructura opresora.

Esta es la narrativa tras la reciente moda americana de hacer que toda persona blanca se arrodille ante cualquier persona negra. Es la narrativa de un aprendiz de dictador patrio que divide a la sociedad en “casta” y “pueblo”, “empresario explotador” y “trabajador sufridor”. Es la narrativa del feminismo radical y su “hetero-patriarcado opresor”. Es, en definitiva, la de los colectivistas para quienes quién seas tú, lo que hayas hecho, tus valores y decisiones no importan si perteneces a un grupo “opresor”. Y es la de los postmodernistas que sólo conciben sociedades expresamente articuladas para dominar; el blanco al negro, el rico al pobre; el hombre a la mujer.

Pues no.

Me niego a ver a la sociedad como meros grupos enfrentados, pues creo que es una retórica destructiva y falsa.

Me niego a ver a la sociedad dividida en colectivos uniformes, pues es una mentalidad tribal que anula la libertad individual, y negadora de la diversidad.

Me niego a pensar que la pertenencia a un determinado grupo es lo más distintivo de ninguna persona, pues considero a cada individuo alguien magníficamente único y autónomo.

Me niego a asumir que todos los males de un grupo son consecuencia de la opresión por parte de otro, porque creo que conduce al victimismo, y que una gran parte del poder de mejorar nuestras vidas está en nuestras propias manos.

Me niego a aceptar que la igualdad de resultado es algo deseable, porque en una sociedad libre y diversa los distintos talentos, esfuerzos e intereses de las personas necesariamente producirán resultados diferentes.

Me niego a aceptar que las sociedades occidentales son intrínsecamente opresoras pues, pese a lo que queda por mejorar, son las más libres y prósperas del mundo actual, y de la historia.

Creo en la dignidad y plenitud de cada persona, y que el valor de cada uno reside en su carácter, en sus valores y en sus decisiones, más allá de los colectivos a los que pueda pertenecer.

Creo en la libertad individual como un valor absoluto, sólo limitada por la libertad de los demás; y creo que la libertad debe ser el principio y fin articulador de cualquier sociedad.

Creo en la responsabilidad individual, pues sin responsabilidad no hay libertad ni capacidad de decisión.

Creo en la diversidad y en la tolerancia. Valoro la pluralidad de ideas, talentos e intereses, y considero que una sociedad diversa es el mejor reflejo de un mundo de personas libres.

Creo que la única victoria contra la exclusión se dará cuando dejemos de hablar de grupos y pasemos a hablar de personas, pues cada persona es un santuario de dignidad y derechos.

Creo en la igualdad de oportunidades, no de resultados. Creo que cada persona debe poder decidir la vida que quiere vivir, y tener la oportunidad de intentar hacerla realidad, sin importar si el resultado final es robóticamente igualitario.

Creo en Occidente y en los valores sobre los que nuestro modo de vida se asienta; creo que nuestra civilización es la más humana, digna y libre que existe, y quiero hacerla cada vez mejor, nunca destruirla.

Y creo que todas las experiencias del siglo XX han demostrado que el colectivismo trae miseria, esclavitud y muerte; mientras que la individualidad trae libertad, prosperidad y diversidad.

Hacia la implosión de Occidente

“¿En qué momento se jodió Occidente?” nos preguntaremos en el futuro… En este. En este preciso momento.

Parafraseo la inmortal frase de Vargas Llosa para poner de relieve el peligroso camino que se está abriendo en nuestras sociedades – o que lleva abriéndose desde los años 90 y ahora está explotando – que, de dejar seguir su curso, puede conducir a la caída del modo de vida occidental tal y como lo conocemos.

Occidente está en un proceso de de-construcción, impulsado por una izquierda radical, postmodernista y colectivista, que está empujando con plena determinación una agenda destructiva para desmantelar las estructuras de la sociedad occidental actual; el individuo como principio y fin; la libertad de elección, expresión y acción; la economía de mercado; y la democracia representativa.

Cuando la izquierda radical pretende acabar con los dos géneros (ya hay, supuestamente, más de 72 posibles identidades sexuales, a libre y alegre elección de cada cual) pretenden atacar la esencia misma, biológica, del individuo, y hacerlo más frágil y vulnerable. ¿O alguien piensa que al otro lado de este laberinto nihilista de infinitos sexos las personas saldrán más estables, más seguras, con mayores soportes morales para afrontar sus vidas?

Ya nadie sensato puede negar que el capitalismo genera libertad y prosperidad, riqueza y bienestar, para cada vez un mayor número de personas, así que hay que atacarlo desde otro lado: es malo porque genera desigualdad… pero no desigualdad de oportunidades, sino de resultados – todos debemos tener lo mismo, da igual méritos, talentos, capacidades o esfuerzo (ahí tienen el vídeo de campaña de Kamala Harris).

Las constantes luchas contra el “heteropatriarcado opresor” o el “racismo sistémico” en Estados Unidos y Europa no son inocentes apelaciones a la igualdad y la inclusión (cosas loables que nadie discute); son ataques a nuestras democracias, pues son intrínseca y fundamentalmente malas, opresoras, racistas y sexistas… es inevitable que haya que derribar estas estructuras, pues.

Por supuesto, no se tolera ni la más mínima discrepancia. La llamada “cultura de la cancelación” es una más que evidente realidad. La intransigencia es total; el sometimiento, absoluto. Y si no, prepárate a sufrir las consecuencias. Hay pruebas más que evidentes, diarias, pero, por no ir muy lejos… ¿cuántas veces ha comentado usted con un amigo “no, esto no se puede decir en público” al hablar sobre una idea discrepante del relato oficial en racismo, sexismo, igualdad o cambio climático?

La determinación de esta izquierda radical, y su brillante habilidad para maquillar sus verdaderas intenciones bajo causas nobles está resultando en que cada vez más capas moderadas de la sociedad vayan aceptando sus premisas (no sólo personas, sino corporaciones, instituciones y organizaciones) sin entender a fondo las consecuencias o el peligro que encierran. Es decir, esta agenda va sumando números a su favor, así sea sin intención.

Pero, paralelamente, se aprecia una creciente resistencia (recordemos que Trump ha sacado 10 millones de votos más que en el 2016, o que hay crecientes movimientos nacional-conservadores en media Europa). Hay una parte importante de la sociedad que cada vez se siente más incómoda e, incluso, atacada, por esta agenda y por el sometimiento absoluto a esos “ideales” que exige. Pensar en libertad, vivir valores tradicionales, ser conservador es una verdadera epopeya en ciertos lugares.

Esta dinámica triangular (radicalidad e intransigencia de la izquierda-aceptación silenciosa de capas moderadas-sentimiento de ataque y rechazo del resto) puede traer consecuencias graves en las sociedades occidentales, pudiendo llegar incluso a la fragmentación sociopolítica de algunos Estados-nación. Es decir, no es descabellado pensar que llegue un punto en que la parte atacada se vea definitivamente alienada, y no verá posible continuar una convivencia común bajo una creciente ideología radical e intolerante. Hay pruebas de esta profunda desafección: un estudio de Pew Research de este mes encuentra que sólo el 20% de los americanos creen que los votantes de Trump y de Biden comparten los mismos valores fundamentales.

Si llega ese momento, es posible que esa parte de la sociedad se concentre en enclaves más acordes a sus principios de vida y éstos lleguen, incluso, a buscar la independencia política. Por poner un ejemplo tangible: ni quiero, ni deseo, ni creo que finalmente ocurra, pero no es una locura pensar en ver en este siglo nacer la República Independiente de Texas, o/y otras.

Paradójicamente, consiguiendo así hacer realidad el sueño de la izquierda radical, al quebrar el sistema occidental o, al menos, fragmentarse.

Sobre Cataluña

Los españoles estamos afrontando un grave desafío por parte de la sociedad y el liderazgo político catalanes, que están impulsando la separación e independencia de la región de Cataluña del resto de España. En este contexto, escribo estas líneas para poner de manifiesto las mentiras sobre las que el movimiento independentista sustenta su causa y el sinsentido social, económico y político que implica la secesión.

– Qué está ocurriendo

El Gobierno Autonómico de Cataluña ha convocado un referéndum ilegal el próximo 1 de Octubre para decidir la independencia y separación de Cataluña del resto de España. Como es lógico, el Gobierno Central, junto con la gran mayoría de las fuerzas políticas y sociales de España y los españoles, están combatiendo este intento unilateral de sedición, lo que está llevando a tensiones políticas crecientes en España.

El movimiento independentista catalán, antiguo pero nunca mayoritario en la región, ha cobrado gran fuerza en los últimos 5 años, impulsado por un establishment político en plena huida hacia delante de sus graves escándalos de corrupción. El contexto de crisis económica, así como dos décadas de adoctrinamiento por parte de un Gobierno regional nacionalista en control del sistema educativo, han llevado a que el independentismo se convierta en tendencia mayoritaria, aunque por la mínima,  con cerca del 55% de apoyos de la sociedad catalana.

– Qué argumentan los catalanes independentistas

El movimiento independentista suele basar su reclamación en 3 tipos de argumentos:

– Históricos: Cataluña era un reino desligado de España hasta que en 1714 perdió su independencia. Es justo, pues, que dejen a Cataluña recuperar su “libertad”.

– Culturales: los catalanes tiene una lengua y una cultura propias y, por ello, son diferentes al resto de españoles y merecen su país propio.

– Económicos: Cataluña es más pobre de lo que podría porque “España les roba”. Cataluña es una región rica que sostiene con las transferencias fiscales que realiza a zonas más pobres de España. A su vez, el Estado español no invierte lo suficiente en Cataluña.

– ¿Tienen razón?

No. Vayamos por partes:

– Historia: Cataluña no fue nunca un reino independiente de España y en 1714 Cataluña no perdió una independencia que no tenía.

Desde el siglo XIII, los condados catalanes (condados, no reinos) pasaron a ser parte de la Corona de Aragón y, desde el siglo XV, del Reino de España formado tras la unión de Aragón y Castilla. La región de Cataluña, igual que el resto, conservó algunas instituciones y costumbre propias, simplemente.

La fecha de 1714 que los catalanes usan hace referencia a la Guerra de Sucesión española. Tras la muerte sin descendencia de Carlos II de Habsburgo, se desató una guerra a escala europea por ver quién ocuparía el trono de España. Los dos pretendientes eran Felipe de Anjou, nieto del rey de Francia, y el Archiduque don Carlos de Austria. Las naciones de Europa se dividieron en favor de uno u otro, preocupados por el poder que o Francia o Austria podrían amasar si se fusionaban ambos tronos.  

Dentro de España también hubo división entre diferentes regiones, cada cual tomando partido por uno u otro pretendiente. Ninguna región, ni Cataluña, pretendió combatir en esta guerra contra España, sino contra un candidato al trono de su país. Cataluña, que era algo francófoba, tomó partido por el Archiduque Carlos, quién acabó perdiendo la guerra. Al ascender al trono Felipe de Anjou (Felipe V), acometió una reforma administrativa que acabó con ciertas normas e instituciones propias de Cataluña, y de muchas otras zonas de España. Nada más. Ni Cataluña buscó la “independencia” ni España se la quitó.

Por no hablar lo ridículo que sería, en cualquier caso, querer regresar a hace 300 años…

– Cultura: sí, Cataluña tiene una bella lengua propia, pero una lengua por sí misma no da ningún derecho político.

Es cierto que Cataluña tiene una identidad cultural singular, principalmente anclada sobre su lengua propia, el catalán (una gran riqueza cultural para Cataluña y para España). Muchas zonas de España (y de cualquier país) tienen costumbres locales propias pero esto no les otorga ningún derecho a ser una nación independiente. Y la lengua… parafraseando, “Una lengua no equivale a una nación. Si en la ONU hay 193 naciones y en el mundo varios miles de lenguas, ¿faltan miles de naciones en la ONU o sobran miles de lenguas en el mundo? Todos los países europeos son multilingües, con la única excepción de Islandia. Y España no es precisamente el más multilingüe de todos: más variedad de lenguas hay en Francia o en Italia. Finalmente, ¿por qué de la existencia de una lengua han de deducirse consecuencias políticas?”

– Economía: “España nos roba”, el argumento más efectivo en los últimos años de la causa independentista, completamente falso. Olvidemos el hecho de lo insultante que nos resulta al resto de españoles que nos llamen ladrones y centrémonos en los hechos. 

Primero, Cataluña es una de las regiones más ricas de España. Segundo, Cataluña no paga impuestos, pues las regiones no pagan; pagan los ciudadanos y, dado que en Cataluña hay muchos ricos, pues de los bolsillos de los residentes en Cataluña se recauda más dinero. Como en la mayoría de los países del mundo, el sistema fiscal español cumple una función redistributiva, por lo que con los impuestos de los ricos, entre ellos algunos catalanes, se financian programas que favorecen a los menos pudientes, que se concentran en otras regiones de España. De hecho, de los bolsillos de los madrileños y de los baleares sale más dinero, y nunca ni Madrid ni Baleares se ha ocurrido decir eso de “España nos roba”.

Tercero, en la última década (2006-2016), Cataluña ha sido la región de España donde más ha invertido el Gobierno Central (cerca de 8.300 millones de euros). Esto sin contar la asistencia que lleva proporcionando el Estado a las regiones en esta época de crisis a través del Fondo de Liquidez Autonómica (FLA), donde Cataluña también es la más beneficiada de todas con cerca de 67 mil millones de euros recibidos.

Por último, la economía de Cataluña es absolutamente dependiente de la del resto de España: más del 30% del comercio de Cataluña es con España y un tercio de su empleo está directamente ligado a la actividad comercial con el resto de España. Añadidamente, buena parte del tejido económico de Cataluña lo aportan empresas del resto de España o multinacionales extranjeras con presencia en Cataluña, precisamente porque es parte de España y de la Unión Europea, cosa que cambiaría en caso de independencia.

– Aunque no tengan razón, lo democrático es dejarles votar

Tampoco. Lo que los independentistas llaman su “derecho a decidir” es una invención que no tiene base lógica ni jurídica. Ningún ordenamiento jurídico del mundo otorga a una parte de su territorio ese supuesto “derecho a decidir”.

La democracia no es sólo votar, es respetar el Estado de Derecho, la ley y los procesos establecidos. El secesionismo catalán se está saltando por encima todo el ordenamiento jurídico existente, con plena consciencia. Si quieren la independencia, deben reformar la Constitución y para eso hay un cauce. Pretender tildar de democrático algo que lo primero que hace es violar la ley, impulsado, además, por una autoridad pública, es cuanto menos curioso.

Por otro lado, todos los españoles tenemos derecho a opinar sobre lo que pasa con nuestro país. A todos nos afectaría que Cataluña se independizase. Los independentistas no tienen derecho a convertirme a mí en un extranjero en una parte de mi país, al menos no sin mi consentimiento. Tampoco, ni mucho menos, tienen derecho a convertir al 45% de catalanes que no quiere separarse en extranjeros en España.

Finalmente, ¿quién ostenta ese derecho a decidir? Si Cataluña tiene ese derecho, ¿lo tienen también las provincias dentro de Cataluña? Tarragona, donde el independentismo no tiene tanta fuerza, ¿tendría el derecho a decidir quedarse en España? ¿No sería democrático esto también? ¿Y el Valle de Arán, otra zona de Cataluña? ¿Y la ciudad de Terrasa? ¿Y mi bloque de apartamentos? Si la lógica es que lo democrático es votar, pues pongámonos todos a votar en todo orden y condición.

– ¿Qué consecuencias tendría la independencia de Cataluña?

Para Cataluña, sería terrible social, económica y políticamente.

Socialmente, porque prácticamente la mitad de la sociedad catalana no quiere separarse de España. Este proceso independentista está suponiendo un trauma interno para la propia ciudadanía de Cataluña. Alrededor del 45% de los catalanes votaron en contra de las fuerzas independentistas en las últimas elecciones. Y esto después de 2 décadas de constante adoctrinamiento y manipulación por parte de las autoridades públicas de la región. No olvidemos que este proceso independentista ha sido impulsado desde arriba, no era algo buscado por la sociedad catalana y sólo en los últimos 5 años ha ganado tracción.

Económicamente, porque una Cataluña independizada entraría en colapso económico. La mayoría de escenarios económicos apuntan a una caída automática del PIB catalán de entre el 20%-30% y a que la tasa de desempleo se duplicaría. La independencia supondría la salida de Cataluña de la zona euro y de la Unión Europea (UE), lo que conllevaría que el 75% de su producción estaría sujeta a un arancel. La reubicación de empresas presentes en Cataluña a otra parte de España (ya evidente en los últimos años) sería tremenda.

Políticamente, porque Cataluña quedaría aislada del mundo. Como han repetido en innumerables ocasiones las autoridades europeas, una Cataluña independiente quedaría automáticamente fuera de la UE. También quedaría desconectada de una comunidad hispanohablante de 500 millones de personas en el mundo. En la era de la globalización, de la unión y la cercanía de los pueblos y personas, de las fronteras desdibujadas, la independencia de Cataluña es un sinsentido político.

De las ideas a la victoria (junio 2014)

La pérdida de votos sufrida en las pasadas elecciones europeas; la potente aparición de movimientos radicales populistas; el surgimiento, en los últimos años, de nuevas formaciones políticas; y el palpable desencanto actual entre los votantes tradicionales del centro-derecha suponen inquietantes señales de alarma para el Gobierno. El próximo año presenta dos citas electorales de máxima importancia y el PP se arriesga a perder el apoyo de los ciudadanos y, lo que es peor, la pérdida de confianza en las políticas que son mejores para España.

De este panorama se pueden extraer dos conclusiones principales:

  • Los ciudadanos están hastiados de la clase política. La desconexión entre el liderazgo político y los representados es total. Existe una sensación de que los políticos no trabaja por el bien común sino por el bien propio. Los casos de corrupción, los políticos con cargo perenne y ciertos privilegios de los dirigentes causan rechazo entre los ciudadanos, lo que les lleva a buscar refugio en alternativas más populistas.
  • La gente es receptiva a las ideologías, busca respuestas, busca visión de futuro y busca claridad. Cuando se vota a Podemos, o en Cataluña se escoge tanto a ERC como a Ciudadanos, o se decanta por Vox, se está eligiendo claridad ideológica, no gestión desapasionada ni fríos datos económicos. La política es ideología, es principios, es debate de ideas y hoy, más que nunca, esto no debe olvidarse.

Hasta el momento, el Gobierno no ha ofrecido un proyecto de futuro claro, sino un salvavidas ante la situación económica. Esto, si bien quizás entendible ante la difícil situación que se heredó, ha tenido como consecuencia que la acción de Gobierno de estos dos años se haya caracterizado por subsistir, no por construir: en lo que va de legislatura, el Gobierno se ha definido más por reaccionar ante la realidad que por llevar la iniciativa. Resta un año para las elecciones municipales y seis meses más para las generales, por lo que, si se quiere recuperar la iniciativa política, urge tomar medidas y reactivar la ilusión de los ciudadanos. La realidad política no admite demoras, ni continuismos, ni inacción.

Para el PP y el Gobierno es imperativo atacar de frente las dos realidades arriba mencionadas si quiere recuperar el pulso político. La victoria electoral en las elecciones del año que viene pasa, inexorablemente, por ofrecer a los ciudadanos lo que están demandando. Y lo que demandan es renovación e ideología.

  • Ideología: es hora de que el Gobierno presente a los ciudadanos el modelo de país y de sociedad que defiende. Hay que ofrecer a los votantes una visión clara de futuro. La mera gestión no convence al ciudadano. Gestionar no es liderar y, en época de turbulencias como las de estos años, las personas buscan líderes, buscan referentes.

En la actualidad, la oferta ideológica en el mercado electoral es limitada y gravita entre los extremismos de nuevas formaciones y la indefinición de los dos grandes partidos. En este panorama, el espacio político a rellenar es amplio, lo que explica el empuje de partidos como UPyD o Ciudadanos que, al fin y al cabo, ocupan el espacio natural de PP y PSOE por incomparecencia de éstos. Si los dos grandes partidos recuperasen su mensaje de principios, valores, ideas y futuro (cada uno el suyo) podrían volver a enganchar con una gran cantidad de votantes. Este es el momento de vender ideología, de recuperar este espacio. El que primero mueva ficha, más opciones tendrá de captar la atención del ciudadano. En breve, el PSOE elegirá nuevo líder, que traerá nuevos aires, por lo que el PP debe tomar la iniciativa y adelantarse. Hay hambre de ideología en el electorado y el PP tiene la oportunidad perfecta para dar de comer sus ideas. Es el momento de ofrecer una clara alternativa política de corte liberal-conservador, diferenciada nítidamente de la propuesta socialista- socialdemócrata.

  • Renovación: renovación de personas y renovación de estructuras. En primer lugar, es hora de acometer un cierto relevo no sólo generacional, sino también de perfiles de liderazgo. Ante la falta de sintonía entre ciudadanos y políticos, las caras nuevas ayudan a recuperar la confianza perdida. Si se teme que el relevo de Rubalcaba por alguien más joven traiga un nuevo impulso al PSOE, se debe seguir el mismo camino. Si Podemos ha cosechado grandes resultados gracias a su ataque a la “casta política” es porque se percibe que esta casta, efectivamente, existe. Fomentar un relevo generacional y dar paso a personas no sólo provenientes del aparato del partido, sino de otros ámbitos, es imprescindible para reenganchar a los ciudadanos descontentos.

En segundo lugar, hay que abordar con decisión la reforma de las estructuras político-administrativas. La falta de confianza en la clase política es evidente, como demuestran los indicadores del CIS. Cada vez más voces reclaman un nuevo sistema político, más transparente y menos controlado por los aparatos de los partidos. A su vez, una de las grandes promesas electorales del PP fue la reforma de las administraciones que, al final, se ha concretado en una muy poca ambiciosa cesta de recomendaciones de eficiencia en el gasto, pero no de reducción del mismo ni del tamaño de la propia administración.

No hay que olvidar que, mientras que estas ideas representan el fondo de la cuestión, la forma también cuenta, más en política y más en pleno siglo XXI. Transmitir la imagen adecuada es esencial para que un proyecto político resulte atractivo y convincente a los ciudadanos.

La comunicación nunca ha sido un fuerte del PP, ni lo es en la actualidad. Hace escasos días, la Vicepresidenta negaba cualquier error en la comunicación del Gobierno alegando que ella ha dado más de 150 ruedas de prensa al finalizar cada Consejo de Ministros… la comunicación es capacidad de empatía, capacidad para hacer llegar tu mensaje al receptor, capacidad para marcar el ritmo de los debates, capacidad para llegar a la sociedad. Nada de esto se hace por medio de una rueda de prensa en Moncloa.

La comunicación, en primer lugar, requiere de ideas. Si no hay ideas ni proyecto concreto no se sabe qué comunicar. En segundo lugar, comunicar requiere mucho trabajo de campo, cercanía con las personas, los periodistas, la sociedad. Comunicar requiere presencia. En tercer lugar, para llegar a la gente hay que comprender la importancia que, en el mundo de hoy, desempeñan las redes sociales e internet. En cuarto lugar, la comunicación requiere iniciativa, pues el que sabe plantear los temas de su interés en la agenda política lleva la ventaja a la hora de darles solución. Por último, comunicar exige, en ocasiones, tomar medidas de pequeño contenido real pero gran impacto mediático.

El análisis de situación, por tanto, nos sitúa ante un panorama político que exige actuar en dos frentes (ideología y renovación) y, como complemento ineludible, potenciar, decididamente, la capacidad de comunicación del gobierno y del partido.

En este contexto, se proponen, a continuación, 25 medidas concretas que actúan en estos tres planos, indistintamente, y que deberían ser la hoja de ruta del Gobierno para el próximo año y medio, si realmente quiere revertir la situación de desencanto y desconfianza que dibuja el actual mapa político y ganar las elecciones del próximo año:

Medidas político-estructurales:

1.Realizar una crisis de Gobierno: hay que presentar a los votantes nuevas caras para nuevos tiempos (el equipo anterior salvó la crisis, este nuevo nos enseñaría el camino del futuro). Dirigentes más jóvenes que incluyan a algunos que no provenga de las entrañas de Génova. Esta crisis, a su vez, es el requisito indispensable para que muchas de las medidas que se proponen a continuación resulten creíbles de cara al ciudadano.

2. Abrir un debate sobre el sistema electoral, planteando la posibilidad de listas abiertas, la elección directa por circunscripción electoral o el cambio en la Ley D’Hondt. El Gobierno no necesita, en esta legislatura, concretar nada en este ámbito sino que, con el simple hecho de plantear un franco debate, dará imagen de espíritu regeneracionista. Además, plantear el debate da la ventaja a la hora de fijar sus ejes de discusión.

3. Plantear una reforma constitucional al final de la legislatura que delimite, con claridad, el reparto competencial entre administraciones, que renueve las funciones de ambas Cámaras parlamentarias y que elimine la prevalencia del varón sobre la mujer en la sucesión a la Corona (cuestión menor pero simbólica).

4. Impulsar una reforma de la justicia: una justicia independiente es garantía de un correcto funcionamiento del procedimiento democrático. El PP llevaba en su programa electoral un cambio en el sistema de nombramiento de jueces que, finalmente, no cumplió, lo que generó enorme desconfianza en el electorado, que creyó ver en este mantenimiento del sistema un interés del Gobierno por seguir controlando a los jueces ante los problemas de corrupción de los que estaban siendo acusados. Reformar este sistema es no sólo un avance en la calidad de nuestra democracia sino un necesario gesto de transparencia ante los votantes.

5. Relevar a ciertos dirigentes regionales del partido: Cataluña, Andalucía, Valencia, Madrid. Las dos primeras comunidades son en las que menos apoyos es capaz de captar el PP. En Cataluña, los líderes regionales claramente no han sabido vender un proyecto diferenciado y coherente, por lo que el partido ha ido perdiendo apoyos progresivamente. Andalucía sigue siendo el gran caladero de votos para el PSOE (un 25% del total) y el PP actual no parece en condiciones de ofrecer algo distinto e ilusionante a los andaluces. Por otro lado, Valencia y Madrid son los dos grandes bastiones populares, pero su posición está en peligro de cara a las próximas elecciones, castigadas, en el primer caso por situaciones de corrupción y desprestigio y, en el segundo caso, por líderes menos carismáticos y con menos empuje que sus antecesores. Urge una renovación en todos ellos.

6. Nombrar una comisión que redacte unos nuevos estatutos del partido en los que se cambie el modelo de elección de los cargos y los candidatos electorales. El electorado exige mayor transparencia y una relación más directa entre ellos y sus dirigentes políticos.

Medidas económicas:

7. Ahondar en la Ley de Unidad de Mercado con el objetivo de limitar las competencias autonómicas, llegando, incluso, a anular normativas. El votante español medio comprende ya que no es sostenible, ni lógico, que se mantengan 17 regulaciones distintas en España.

8. Hacer una bajada ambiciosa de impuestos: las subidas de impuestos acometidas por el Gobierno han supuesto uno de los mayores ataques a la propuesta liberal- conservadora que es imperativo presentar a los votantes. La reforma fiscal que ahora se plantea parece ser moderada y escalonada, características que no harán de ella algo capaz de hacer olvidar el previo incumplimiento electoral. Si creemos en la iniciativa individual, es el momento de una rebaja mucho más ambiciosa de los tipos, es el momento de enviar el mensaje claro de que creemos que los recursos corresponde a los ciudadanos y las empresas y no al Estado.

9. Recortar el gasto público: complemento necesario del punto anterior para equilibrar las balanzas fiscales. En España siguen existiendo muchas partidas que se podrían recortar pues carecen de sentido ni de productividad, como, por ejemplo, las dedicadas al fomento de la inserción laboral, las subvenciones agrícolas e industriales, los subsidios no productivos, las aportaciones a partidos y sindicatos, etc.

10. Reducir las cargas administrativas, con el objetivo de eliminar burocracia innecesaria que genera gasto e ineficiencias para el Estado y agilizar los trámites del ciudadano con la Administración. Se solicita a cada Ministerio que elabore un catálogo de disposiciones en vigor que no aporten valor, sean innecesarias y constituyan una carga al interesado que no encuentra justificación práctica. Cada Ministerio deberá presentar, al menos, veinte normativas a consideración para su derogación A su vez, se elaborará un plan de simplificación de trámites administrativos por cada Ministerio, en el que se prime la ventanilla única, se impulse decididamente la Administración electrónica y se reduzcan progresivamente el número de solicitudes a los ciudadanos por cada gestión que emprenden.

11. Eliminar o privatizar organismos y empresas públicas: La Administración debe ser pequeña y eficaz, y ceder todo el protagonismo de la vida social y económica al ciudadano y la iniciativa privada. El alto déficit y la crisis económica brindan el paraguas perfecto para reducir el tamaño de la administración, eliminando organismos innecesarios (multitud de fundaciones públicas de dudosa necesidad, INJUVE, Instituto de Estudios Fiscales, INIA y cientos de organismos más) y privatizando empresas de titularidad estatal que podrían y deberían ser gestionados por la iniciativa privada (AENA, RTVE, Paradores, Correos, Alimentos y Aceites SA, CETARSA, y un largo etc., unas 700 empresas públicas).

12. Obligar a las Autonomías a llevar a cabo el mismo plan de eliminación y privatización que la Administración Central. La Ley de Estabilidad Presupuestaria brinda cobertura legal a esta iniciativa. Comenzar por Cataluña, demostrando firmeza ante el nacionalismo.

Estas dos medidas contribuyen no sólo a reducir el gasto y tamaño de la administración, sino que envían el mensaje al ciudadano de que se está dispuesto a acabar con los privilegios de los políticos que, a su entender, usan estas empresas y organismos para colocar a sus amistades y compromisos.

13. Liberalizar ciertos sectores de actividad (energía, comunicaciones, empleo, etc.) Medida que encaja con una apuesta clara por un proyecto económico liberal y que contribuirá a una mejor asignación de recursos en estos mercados. En especial, urge una liberalización en el sector energético, uno de los mercados menos eficientes que existen en España. Esta liberalización debería dar libertad para establecer nuevas centrales de energía nuclear y a alargar la vida útil de las ya existentes (merece la pena mencionar que la energía nuclear y las energías renovables no son excluyentes sino complementarias, por lo que ambas pueden coexistir en un mix energético libre y diverso).

14. Reducir las cotizaciones a la Seguridad Social para emprendedores que creen nuevos puestos de trabajo: medidas ya avanzadas en la Ley de Apoyo a Emprendedores pero que deben ser mucho más amplias. Las elevadas cargas y requerimientos a los que deben hacer frente los emprendedores suponen una de las mayores limitaciones a su despegue.

15. Incentivar canales de financiación alternativas a la banca. Ayudas fiscales y burocráticas al establecimiento de empresas de venture capital y capital riesgo, especialmente, a aquellas que inviertan en proyectos innovadores españoles. Con esto se conseguirá atraer más inversión hacia España, lo que contribuirá a la aparición de oportunidades de empleo.

Medidas comunicativas:

16. Comunicar medidas tomadas, no planes futuros. Es más fácil explicar lo que ya se ha hecho que lo que se va a hacer en el futuro. Este Gobierno se ha caracterizado por anunciar medidas no ya tomadas sino que tiene planeado aprobar. Cuando se difiere el anuncio de la implantación, se pierde credibilidad. Por citar el último ejemplo, es criticable que, a la hora de subir impuestos, se hiciese con efecto inmediato pero, llegado el momento de bajarlos, se difiera seis meses su entrada en vigor.

17. Poner cercanía en la comunicación: Organizar encuentros, charlas, conferencias, en asociaciones, universidades, colegios mayores. Hay que movilizar al partido como si la campaña electoral comenzase ahora y durase año y medio. El contacto con la gente ayuda a establecer nexos personales de unión. Hay que darse a conocer personalmente, con cercanía, pues rompe muchos prejuicios ideológicos que los ciudadanos pudiesen tener. Revertir el mapa político actual y el desgaste del Gobierno va a requerir de un esfuerzo ímprobo y continuado, comenzando ahora mismo.

18. Organizar encuentros en Moncloa entre el Presidente y líderes de opinión de todos los ámbitos de la sociedad. El Presidente es una persona cercana y amable que, en las distancias cortas, puede causar simpatías que derriben prejuicios. Recibir y acoger, periódicamente, a personas influyentes en sus respectivos campos ayudaría a ganar amistades o, al menos, afinidades, con líderes que luego darán cuenta de su experiencia en sus sectores y círculos.

19. Crear un equipo experto en marketing digital, que potencie la presencie del Gobierno y de los líderes populares en la red, y que se dedique a activar en las redes sociales los temas de debate y las ideas políticas que sean de nuestro interés. No hay que limitarse a estar en las redes, sino que hay que participar, hay que movilizar y hay que penetrar.

20. Plantear una política de gestos: una imagen vale más que mil palabras Hay que trabajar en el plano “cosmético”, es decir, en el aspecto formal y no sólo en el de fondo. Hay que representar, simbolizar expresamente las medidas que se aprueban. Además de los ya señalados a lo largo de estas páginas, nuevos ejemplos de esta idea podrían ser:

  • Si el Presidente afirma que su mayor preocupación es el paro, podría acudir a algún centro del INEM y escuchar historias, de viva voz, de personas desempleadas
  • Al querer trasmitir la idea de que el Gobierno va a limitar los privilegios de los políticos, podría acabar con algunas de las ventajas de las que gozan diputados y senadores (hay que vencer la idea de la existencia de la “casta” política)

21. Imponer una mentalidad de “comunicación absoluta”: Contar cada cosa que se hace, dar a conocer cada medida de las anteriores tomada, cada gesto, pero no sólo en ruedas de prensa tras el Consejo de Ministros sino en charlas, conferencias. Ir narrando, en cada cuenta oficial de twitter, cada medida, cada dato que muestre ahorro, eficiencia y reducción de la administración. Movilizar a los medios y periodistas afines con el fin de manejar los temas del debate político. En definitiva, hacer de la comunicación política una prioridad y una red de enganche de toda la acción de gobierno.

Otras medidas puntuales:

22. Cambiar de nombre del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, que pasará a llamarse Ministerio de Sanidad y Familia. Creación de una Secretaría de Estado de Familia. Los términos “servicios” – en lugar de “asuntos”- e “igualdad” son mantras de la izquierda y, mientras los use el PP, jugará en terreno ideológico contrario. Por el contrario, la familia es un concepto muy arraigado entre el votante tradicional de derechas. La ley del aborto ha causado muchas controversias y no es conveniente, desde el punto de vista electoral, darle mayor promoción, pero si se puede hacer una concesión hacia este grupo de votantes hablando de políticas de familia.

23. Hacer un acercamiento a las víctimas del terrorismo. Parte de los votantes tradicionales del PP han sentido rechazo ante la que consideran una política débil frente a ETA, simbolizada en la reversión de la doctrina Parot, la excarcelación de Bolinaga y el abandono del PP por parte de Ortega Lara. Es imperativo dar mayor presencia institucional a las víctimas, reflejar pública y continuadamente el apoyo del Gobierno y del partido.

24. Subir sensiblemente tres partidas en los próximos presupuestos: 1. ayudas a la dependencia, 2. becas (manteniendo e, incluso, ampliando los niveles de exigencia) y 3. I+D+i bio-sanitaria. Los recortes del gasto propugnados en un punto anterior permitirán ampliar, en pequeña medida, estas partidas, que el Gobierno podrá usar como un agarre y una defensa ante las críticas (populistas y falsas) de la izquierda que alegan que la derecha no se preocupa por los pobres y los que sufren. La subida en ciencia permitirá, además, trasmitir al ciudadano la apuesta del Gobierno por la modernidad, el desarrollo tecnológico y el cambio de modelo productivo.

25. Impulsar deducciones fiscales por gastos educativos: por debajo de un determinado nivel de renta, los padres y alumnos se podrán desgravar en su declaración cualquier gasto relacionado con la educación, desde las matrículas escolares hasta el material. Medida de marcado carácter social (en línea con el punto anterior) pero de corte liberal, por lo que, de una tacada, se combaten las críticas de la izquierda y se refuerza al votante liberal.

Recursos, problemas y prioridades

Si hay una ley económica que todos conocemos sin necesidad de pasar por la facultad es que los recursos son siempre escasos. Cualquier padre o madre de familia, cualquier trabajador, cualquier empresario, y hasta cualquier chaval sabe que no puede tener o hacer todo lo que quisiera. Estamos limitados por los medios de los que disponemos. Precisamente la economía se ocupa de intentar maximizar los resultados que se pueden obtener con esos pocos medios que están a nuestro alcance. Pero es una máxima que se puede aplicar a una inmensa multitud de situaciones en la vida. En términos generales, los recursos más comúnmente necesitados, y por ende más escasos, son el tiempo y el dinero (capital). En ciertas ocasiones, yo añadiría que lo que escasea son las personas, los equipos necesarios para llevar a cabo un proyecto (recursos humanos, expresión tan de moda hoy en día). Éste es el trípode clave: tiempo, dinero y personas.

La dificultad de contar con recursos escasos estriba en que normalmente debemos afrontar más problemas de los que estamos en condiciones de encarar. Y es aquí donde surgen los quebraderos de cabeza: ¿De qué problemas me ocupo? ¿Cómo consigo ir eliminándolos? ¿Qué es más importante? Ante la imposibilidad de solucionar todo, como mecanismo de abordar el dilema recursos escasos-problemas numerosos surgen las prioridades. Las prioridades conceden importancia a unos asuntos frente a otros. Si bien toda prioridad es subjetiva (yo decido lo que a mí me parece más importante), también es cierto que hay cuestiones que objetivamente son más importantes que otras.

Todo lo dicho se aplica a la política. Un Gobierno dispone de un tiempo limitado (4 años), unos presupuestos concretos (que siempre resultan escasos para cualquier gobierno, especialmente para el actual) y un equipo determinado. Si los problemas normales de la gente corriente ya resultan abrumadores, imagínense los problemas de un país entero. En la tarea de gobierno, más que en ninguna otra situación, se hace necesario priorizar. No es igual de importante el estado de la economía española que el uso de las lenguas co-oficiales, por hablar de un tema reciente; ni se puede comparar la urgencia de reformar la Administración de Justicia con la de aprobar la Ley de Memoria Histórica.

Este es otro de los rasgos más característicos del actual gobierno socialista (y, me atrevería a decir, que de la mayoría de los gobiernos socialistas); el confundir las prioridades. El problema es que mientras se ocupan de unas cosas, no se ocupan de otras. Malgastan energías en asuntos de poca importancia, despilfarran los recursos en temas menores o que nadie demandaba, mientras los asuntos de gran calado, los asuntos que afectan directamente a España y a los españoles, quedan desatendidos. Derrochan el dinero, pierden el tiempo, desperdician sus energías, y así es imposible servir a los españoles. 

 Creo no exagerar cuando digo que las medidas estrella de este gobierno en los últimos seis años no encajan precisamente en el capítulo de “prioridades para los españoles”. ¿Acaso la Ley del Aborto era esencial para el futuro de España, y estaba ampliamente demandada por la sociedad? ¿O quizás la Ley de Memoria Histórica era algo ineludible? Desde luego negociar con ETA (a la vez que se firmaba el Pacto Antiterrorista, por cierto) era algo que la sociedad deseaba. Por supuesto, a la sociedad española también le interesa sobremanera aliarse con esas otras civilizaciones que parece ser que habitan el planeta, especialmente con la parte de esas civilizaciones que no creen ni en la libertad, ni en la igualdad, ni en el mercado libre. ¿Y qué decir de la “inversión” de millones de euros en dos Ministerios de gran importancia, el de Igualdad y el de Vivienda? Ambos han sido muy importantes para el progreso de España en este lustro; las soluciones habitacionales contribuyeron ciertamente a la rebaja de los precios de las viviendas; y la Ministra Aído ha deslumbrado a España con sus grande manifestaciones, como aquello de “un feto es un ser vivo pero no humano”, “miembros y miembras”, el teléfono para los maltratadores, el intento de prohibición de Blancanieves y Cenicienta, y paro de escribir por no provocar.

 Insisto en que humildemente no considero estos grandes logros socialistas prioritarios para España. En cambio, me permito plantear otros asuntos que, en mi opinión, si deberían haberse abordado estos años:

– La economía: Unas de las principales tareas de cualquier gobernante, y uno de los grandes problemas de España en la actualidad. La única media económica conocida de los socialistas ha sido negar la crisis, para después hablar de brotes verdes (hace un año ya de eso, ¿será que alguien los pisó?). No se han tomado medidas en el mercado laboral, ni se han acometido rebajas fiscales, ni se ha mantenido el más mínimo equilibrio presupuestario, ni se ha hecho nada. Ahora, con dos años de retraso y por imposición extranjera, han tenido que improvisar recortes que no hubiesen sido necesarios si se hubiese actuado a tiempo, y que no son más que medidas coyunturales, que no estructurales.

– Estado de las Autonomías: Parece claro que el actual modelo de Estado no está funcionando correctamente. Las Autonomías despilfarran el dinero de los españoles y se preocupan sólo por reformas estatutarias innecesarias en el marco de una carrera frenética por reclamar más competencias y más financiación, y su hambre parece no poder ser saciada. Se hace necesario una reflexión seria sobre el asunto que acote de una manera clara el modelo de Estado.

– Estado del Bienestar: Nos hemos acostumbrado a recibir muchos servicios, todos gratis, por parte del Estado, y esto no es algo ni eficiente, ni sostenible. El actual Estado del Bienestar está sobredimensionado, es ineficaz, desincentiva el trabajo y el esfuerzo, y no lo podemos pagar. Abogar por una reforma en el mismo, que se base en la calidad de los servicios y no en la cantidad, en la libertad de elección y en el copago de los mismos, y en un sistema mixto de pensiones sería lo deseable.

– Administración de Justicia:  La justicia en España es lenta, no cuenta con los medios materiales ni humanos suficientes, está tremendamente politizada y fomenta las apelaciones y los recursos de casación. La justicia de una democracia avanzada no sólo es un pilar fundamental del Estado de Derecho, sino que además una justicia ineficiente acarrea consecuencias económicas graves. Se hace necesario una revisión a fondo de la Administración de Justicia que la haga más independiente, más eficiente y más ágil.

– Educación: Que la media de fracaso escolar en España sea del 30%; que ninguna Universidad española se sitúe entre las 100 primeras del mundo; que los españoles no sepan desenvolverse en otros idiomas; y que los informes PISA de la OCDE coloquen a España a la cola de los países desarrollados son problemas muy serios para el futuro de España. Una reforma educativa que apueste por la excelencia, el esfuerzo, la exigencia, el bilingüismo y la formación práctica es más necesaria que nunca.

Estos son algunos de los grandes problemas de España, que han sido totalmente ignoradas por el gobierno socialista. Como he dicho, han estado ocupándose y malgastando recursos y energías en cuestiones que nadie demandaba, que no eran necesarias, y que no hacen prosperar al país. ¿Por qué? Pues porque la principal prioridad de este gobierno no es servir a los españoles, sino mantenerse en el poder; es aniquilar al adversario político, no trabajar codo a codo por un futuro mejor. El sectarismo del que se nutre el socialismo actual le ha hecho tratar durante seis años temas menores, pero que agitan el debate ideológico y les da la oportunidad de dibujar al Partido Popular como un partido anticuado y radical. Su premisa es “destruyamos al rival, luego ya veremos que hacemos”. Mientras tanto, los españoles han visto empeorar su nivel de vida, su influencia en el mundo, la cohesión del país y sus bolsillos. Este es el resultado de la acción de aquellos que conciben el poder como un fin en sí mismo, que hay que mantener a toda costa, en vez de pensar que el poder no es más que un medio para aportar, para mejorar España, para construir un futuro un poco más próspero.