Sobre la ideología de género y el activismo trans (I) – qué es y por qué es falsa

El fenómeno trans es la última gran batalla cultural que se libra en Occidente. La ideología trans se ha popularizado recientemente, especialmente entre la llamada Generación Z, en la que cada vez más jóvenes se identifican con alguna de las 97 identidades de género distintas[i] ya en circulación. Sin embargo, para otra gran parte de la población, el simple hecho es que solo existen hombres y mujeres, según la biología de cada persona.

La batalla cultural también ha dado el salto a la política. En España, esta narrativa de género se está plasmando, entre otras, en la llamada Ley Trans[ii], ahora en tramitación parlamentaria. En otros países occidentales como EE. UU., Reino Unido o los países nórdicos, la narrativa trans lleva más años de recorrido.

Qué es esta ideología

La ideología trans, impulsada desde el sector más radical y nihilista del progresismo, es difícil de sintetizar, en parte por su incoherencia interna y en parte por su multiplicidad de aristas, pero a grandes rasgos sigue este razonamiento:

La sexualidad de las personas se descompone en sexo – nuestra biología, que es binaria y puede ser hombre o mujer – y en género, que son los roles, normas, atributos, percepciones relativas a nuestra sexualidad. Según esta narrativa, la identidad de género – cómo nos sentimos o identificamos cada uno – no se limita a dos polos opuestos (masculino y femenino) sino que es un espectro, un infinito abanico de posibilidades con las que cada uno se puede identificar. Lo roles tradicionales de género, encasillados en los dos polos, son un constructo social, una imposición de las sociedades heteropatriarcales, que históricamente han obligado a todo el mundo a presentarse como hombre o mujer de manera cerrada. Sin embargo, esto no es así y es hora de derribar esta concepción, liberando a cualquier persona para que pueda elegir su género, ya sea este el mismo que su sexo (cis-género), el contrario a su sexo (trans-género), o directamente ni uno ni otro (no binario o queer).

Qué fallos tiene

De esta sucinta definición de la narrativa trans empiezan ya a surgir multitud de dudas e incoherencias. Veamos las 5 incongruencias más graves:

1. Su uso de la condición de “trans” y su significado histórico

La primera falacia de la narrativa trans ha sido tomar una aflicción real de una minoría de la población, y falsamente generalizarla para presentarla como una cuestión de elección personal universal.

Históricamente, “trans” (o transexual) se usaba para referirse a personas que sufrían disforia de género, esto es, una severa y persistente incomodidad con su cuerpo biológico. La disforia de género era y sigue siendo catalogada como un desorden mental (“desorden” no entendido como algo despectivo sino meramente descriptivo). Su estudio clínico tiene más de 100 años de literatura y se calcula que entre el 0,01%-0,6% de la población lo ha sufrido históricamente[iii][iv].

En muchas ocasiones, las personas que sufren disforia deciden transicionar hacia el otro sexo, ya sea una transición social – presentarse, vestirse y referirse a uno mismo como del otro sexo – o médica – hacer transformaciones químicas y quirúrgicas en su cuerpo para adquirir la apariencia del otro sexo.

Es innegable que las personas con disforia de género existen, aunque sean muy pocas, y la decisión de un adulto de tomar las medidas que considere oportunas para lidiar con su aflicción merece, a priori, tolerancia y respeto.

Sin embargo, esta nueva narrativa no pretende circunscribir el fenómeno trans a las personas con disforia, sino que abiertamente aboga por una deconstrucción total de las categorías de hombre y mujer, masculino y femenino. Toda la humanidad, toda, puede decidir, como en un menú a la carte, lo que quiere ser en cada momento.

Este artículo no trata de los primeros, los históricos transexuales y aquellos que genuinamente sienten disforia, sino de esta narrativa de género y los neo-trans que está generando, esos que se identifican con hasta 97 cosas distintas. Conviene recordar que son grupos distintos y, en este caso como en muchos otros, los activistas profesionales no representan necesariamente al grupo real.

2. Su manipulación de la terminología

El uso, abuso y cambio del lenguaje es seña de identidad de toda la narrativa postmodernista, y también lo es en el caso de la ideología de género. Tradicionalmente, las personas sólo teníamos sexo; éramos hombres o mujeres biológicamente, dependiendo de los gametos sexuales que cada uno produjese. La descomposición de la sexualidad en dos conceptos distintos, “sexo” y “género”, no se dio hasta la década de los 50 (no hay tiempo aquí para hablar de uno de los creadores del término “identidad de género”, el sexólogo John Money, a todas luces un absoluto degenerado).

Aceptar esta descomposición de la sexualidad en dos términos ya requiere cierto esfuerzo mental, pero puede tener alguna validez. Ahora bien, el siguiente paso que se dio fue el de desligar ambos términos entre sí: ahora, nos dice la narrativa trans, el género no está vinculado con el sexo; la manera tradicional de entender los roles de género es un “constructo social”. En verdad, da igual tu realidad biológica, tu género es completamente independiente y lo puedes elegir como te plazca…Esto ya supone un triple salto mortal alejado de toda lógica y realidad, aunque sólo sea porque algo tendrá que ver uno con lo otro cuando el 99% de la humanidad identifica su sexo con su género. A este respecto, merece la pena leer a la sexóloga Dr. Debrah Soh y su libro “El fin del género”.

Pero el activismo trans no se queda ni mucho menos aquí: no sólo el sexo biológico y el género están desligados, sino que lo que prima es el género, el cómo tú te sientas; lo que determina lo que tú eres no es la biología sino tu sentimiento. Y si te sientes mujer, aunque tengas pene, eres mujer…

Y el último e increíble salto cuántico de la narrativa trans ha sido negar el propio sexo biológico (no el género, no; el sexo). El término de moda entre los activistas es SAAB o “sex assigned at birth” para referirse al sexo que el médico o la matrona asignó a un individuo al nacer. Aparentemente, no es que ya un adulto pueda elegir su género, sino que su sexo tampoco es real sino que alguien lo “asignó” de bebé…

3. Su base en los más anticuados estereotipos

Para deconstruir las categorías binarias de hombre-mujer, la ideología de género se basa en los más rancios clichés de lo que éstas significan. Al renegar de los marcadores biológicos por completo, esta ideología tiene que recurrir a elementos sociales para explicar lo que cada género es, cayendo en los más arcaicos tópicos imaginables, como apuntan los profesores Jose Errasti y Marino Pérez en su reciente libro[v].

Así, esta narrativa acaba argumentando que el género es un espectro y no algo binario porque no todos los hombres son típicamente masculinos – prototipos de machos – ni todas las mujeres típicamente femeninas – prototipos de barbies . Es decir, si eres una mujer algo más masculina, llevas el pelo corto, te gustan los deportes y demás tópicos ligados a la masculinidad, entonces es que no eres realmente una mujer, sino un hombre atrapado en el cuerpo de una mujer. Y si no eres ni un macho ni una barbie es que… eres no-binario.

Esto no es una simplificación; vean cualquier entrevista con un neo-trans, o lean cualquiera de sus panfletos propagandísticos dirigidos a niños (sí, a niños)[vi] y verán que es así su superficialidad. Vean los vídeos del TikToker trans más famoso del momento, Dylan Mulvaney, flamante reciente invitado a la Casa Blanca, y verán lo pueril y trivial de su concepción de ser mujer [vii] .

Ni que decir tiene que un movimiento que se define “progresista” se ancle en estos estereotipos es chocante, por no decir una clara farsa intelectual. Es evidente que existen muchas formas de ser mujer o de ser hombre; hay un universo de experiencias dentro de la masculinidad y la feminidad sin tener que derribar ambas categorías, porque hay un universo de personas con su individualidad.

Porque la realidad es que, como deja bien claro la Dr. Soh[viii], el género sí está ligado al sexo y tiene origen biológico. No es un espectro. Lo que es un espectro son las emociones y sentimientos que cada uno puede tener, de manera perfectamente libre y respetable: siéntete lo que quieras pero dentro de una realidad básica.

Al final, estos neo-trans pecan de un desfasado narcisismo al considerar que elles son tan especiales, tan únicos en el mundo y en la historia, que la propia biología y las categorías que han servido a trillones de personas antes no les sirven a ellos para definirse.

4. Su carácter anti-mujer y anti-gay

Esta estereo-tipificación del género nos lleva a otra gran incoherencia del nuevo movimiento trans, y es su radical incompatibilidad con otras causas con las que, de manera inexplicable, se la hermana. Simple y llanamente, la ideología de género es anti-mujer y anti-homosexualidad.

Empecemos por la mujer. Si cualquiera puede decidir ser mujer en cualquier momento, sólo con sentirlo, entonces ¿qué es una mujer? Matt Walsh, de Daily Wire, ha hecho un documental con ese preciso título (“what is a woman?”) que es demoledor, por el simple hecho de que nadie, ningún sólo activista de género, ni un solo neo-trans, ni un solo teórico queer, fue capaz de responderle a la pregunta. La respuesta más común dentro de la ideología de género es que “una mujer es alguien que se identifica como mujer”, lo cuál es el mejor ejemplo de una definición circular que a nadie se le puede ocurrir. Una vacuidad extrema. ¿Se identifica con qué, si la categoría no existe?

El grito de guerra del movimiento trans – “las mujeres trans son mujeres”- es otro ejemplo paradigmático de estas incoherencias: si esa afirmación fuese cierta, ¿por qué hay siquiera que poner el adjetivo “trans” en la propia afirmación? Acaso será porque las “mujeres trans” necesariamente son algo distinto de las demás “mujeres”.

El hecho es que la narrativa trans reduce a la mujer (y al hombre) a la nada, como bien apunta la periodista del Economist Helen Joyce[ix]. Toda la experiencia femenina; toda la sensibilidad, particularidades biológicas y reproductivas; todas las luchas y barreras propias de las mujeres; toda la maravillosa complejidad de ser mujer reducida a cualquier sentimiento individual y pueril de un hombre que, de repente, decide que él es mujer. Tanto se reduce a la nada que hasta quieren eliminar la propia palabra “mujer” y pretenden que se use el apelativo “personas con capacidad de menstruar” para referirse a las mujeres biológicas, para que así las mujeres trans no se sientan ofendidas… ¿Tendrán las mujeres biológicas también posibilidad de ofenderse ante esta laminación de su existencia?

Esto va unido a la inevitable consiguiente ocupación de estas “mujeres” trans de los espacios femeninos, desde los cuartos de baño a las competiciones deportivas – donde hombres biológicos que antes eran atletas masculinos de tercera se han puesto a arrasar en competiciones femeninas (el más famoso caso el de el/la nadadora Lia Thomas); desde las cárceles de mujeres a los premios de reconocimiento. Bendita ironía que Caitlyn Jenner, antes Bruce, ganó el Premio a la “Mujer del Año” de la revista “Glamour” en su primer año siendo “mujer”…

No es sorprendente, por tanto, que las mayores detractoras de esta ideología de género vengan del feminismo clásico; mujeres que llevan años, décadas, luchando por la igualdad de hombre y mujer para que ahora vengan a decirles que la mujer no existe, que cualquier puede serlo si así lo siente. En el mundo neo-trans, a estas feministas las llaman con el despectivo apelativo TERF (“trans-exclusionary radical feminist”). En España, por ejemplo, Lidia Falcón, histórica líder del Partido Feminista, se ha posicionado tan fervientemente en contra del proyecto de Ley Trans[x] que su partido ha sido expulsado de Izquierda Unida.

Y, de la misma manera, la ideología de género es profundamente anti-homosexual. Que la “T” de trans vaya unida a las LBGQ del progresismo sexual es una de las mayores ironías que existen. Hace poco, un periodista gay, Ben Appel, advertía en un revelador artículo en Newsweek[xi] que “para los adultos homosexuales como yo, está claro que este activismo (trans) no promueve nuestra igualdad, sino que de hecho compromete nuestra habilidad de vivir en paz y en sociedad”.

Si el hombre y la mujer no existen, son solo un sentimiento, ¿dónde quedan los homosexuales, cuya definición es que te gusta aquello que ahora no existe? Ser homosexual conlleva intrínsecamente aceptar unos axiomas: yo soy de un sexo, me atrae mí mismo sexo, y esto es lo que me define. Estos axiomas son claramente irreconciliables con los planteamientos de la ideología de género, que no sólo denigran el sexo en pos del género sino que opinan que ésto último es lo que te define, siendo el sexo algo accesorio.

Además, esta ideología de género que está dominando la narrativa sexual lo hace, en la práctica, a expensas de cualquier otra posible explicación; se prima la narrativa trans por encima de cualquier otra posible consideración sexual. Según la práctica totalidad de estudios sobre disforia de género en adolescentes (aunque la literatura es escasa)[xii], una gran parte de los adolescentes que tuvieron una fase trans y posteriormente se echaron atrás acaban resultando ser homosexuales a los que, en vez de aceptar su sexualidad, se les convenció de que en realidad eran trans. Abigail Shrier también descubrió está dinámica en su investigación para su excepcional libro “Daño Irreversible”.

5. Su evidente negación de toda realidad

Por no alargar más la lista de incoherencias, aunque hay muchas más, acabaremos por la más obvia: la desconexión total de la ideología de género con la realidad.  

Primero, claro está, la ideología de género niega la que es quizás la estructura más básica y primaria que existe en la naturaleza: la biología y el binomio sexual. Es tan flagrante su falta de apego la realidad en este campo que no hay ni que perder tiempo desgranando la idea.

Por otro lado, la premisa fundamental de este movimiento es que cada uno puede elegir su género según cómo se sienta, y este sentimiento lo convierte en realidad. Es más: el resto del mundo tiene el deber de validar (o “afirmar”, palabra más del uso en el lingo trans) ese sentimiento, so pena de ser tachado de tránsfobo.

El absurdo de esta proposición es más que evidente, y no aplica a ningún otro tema imaginable. Si sentirnos algo lo convierte en realidad, ¿puedo yo tener 70 años porque “me siento viejo”, pese a haber nacido en 1984? ¿Puedo ser delgado porque así lo siento, aunque pese 130 kilos? ¿Puedo ser negro, aunque mi piel sea blanca, si así lo quiero?¿Puedo ser alto, fuerte, inteligente y encantador porque yo mismo lo decido? Preguntas retóricas, que no requieren respuesta dada su estupidez; sin embargo, el activismo de género ha decidido que en el tema sexual se abandone toda lógica.

El problema de raíz de este modo de pensar es que niega la existencia de una realidad objetiva, especialmente en cuestiones relativas a identidad. Esto es, obviamente, una falacia, puesto que la realidad sí que existe. Hay cosas que son, y no están abiertas a interpretación ni a discusión. No puede haber un debate sobre si existe la noche o el día, sobre si este lado es la izquierda o la derecha, o sobre si un metro mide 100 cms… Y, hasta hace bien poco, parecía obvio que tampoco se podía negar que existen los hombres y las mujeres pero, claro, vivimos en la era de la distopia.

También resulta bastante incongruente que estos activistas de género, que consideran que toda realidad es un constructo social, de repente, al llegar al tema de la identidad, promueven que lo único válido es como cada uno se autodefina. Pero, en verdad, la identidad individual sí que tiene un componente social: tú identidad no es sólo quién te sientes, sino quién eres en relación con tu entorno, con tu familia y comunidad, con tu cultura, con tus relaciones sociales, con unos valores, etc.

Pero lo más agresivo del movimiento trans no es que ellos consideren que pueden determinar su identidad subjetivamente, sino que obligan al resto del mundo a participar en su fantasía. Los neo-trans no se conforman con vivir ellos la vida que quieren, sino que pretenden imponernos a los demás su visión de la realidad: todos tenemos que aceptar que una mujer trans es una mujer de verdad, tenemos que llamarla por los pronombres que quiera, tenemos que permitir que vaya al cuarto de baño que quiera, y por supuesto tenemos que enseñar ideología de género en los colegios. Siguiendo con el ejemplo de antes, es como si yo, al sentirme que soy atractivo y encantador, pudiera obligar a los demás a que me llamen así y todos tendrían la obligación de acatarlo.

Y, si no participas del delirio colectivo, cae encima de ti el repudio social por ser un intolerante…Tolerancia, la palabra más corrompida por estos radicales, pues no exigen respeto a sus ideas sino sumisión.

Por último, una vez se abre la puerta a que cada cual pueda determinar lo que es según se sienta, no queda claro dónde – si acaso – quedan los límites de lo aceptable. Siguiendo el cauce de la ideología de género, ya hay gente que se identifica de un género unos días y de otro otros días («gender-fuid»); hay gente que se considera “trans-especie”, se identifican con un animal y se hacen llamar así; hay personas llamadas “age-sliders” que pretenden cambiar de edad; hay personas que se identifican como un fantasma o un diablo; hay personas perfectamente sanas que se consideran discapacitadas; y un largo etcétera de obvias degeneraciones, nacidas o del narcisismo de quien quiere llamar la atención, o de algún tipo de inestabilidad mental, pero a las que, según la narrativa imperante, debemos respetar, validar y empoderar.

(continuará en la siguiente entrada: Sobre la ideología de género y el activismo trans (II) – por qué es preocupante)

Notas


[i] https://twitter.com/libsoftiktok/status/1593124015367151618/photo/1

[ii] https://www.congreso.es/public_oficiales/L14/CONG/BOCG/A/BOCG-14-A-113-1.PDF

[iii] “Irreversible Damage”, Abigail Shrier, página xxv

[iv] https://williamsinstitute.law.ucla.edu/wp-content/uploads/Age-Trans-Individuals-Jan-2017.pdf

[v] “Nadie nace en un cuerpo equivocado”, José Errasti y Marino Pérez

[vi] https://chrysallis.org/recursos_trans_lgtbiq/guias-y-folletos_trans_lgtbiq/

[vii] https://www.tiktok.com/@dylanmulvaney?lang=en

[viii] “The End of Gender”, Debrah Soh, página 17

[ix] «Trans – when Ideology Meets Reality»; Helen Joyce, página

[x] https://www.vozpopuli.com/opinion/ofensiva-de-lo-trans.html

[xi]  https://www.newsweek.com/new-homophobia-opinion-1698969

[xii] https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC5841333/

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