Sobre la ideología de género y el activismo trans (II) – por qué es preocupante

Una vez discutida la inconsistencia y fallos de la narrativa de género, queda preguntarse por qué es algo que debe preocuparnos. Normalmente, incluso las personas que no aceptan esta ideología tienden a infravalorar el peligro que representa, desechándola como algo folclórico y minoritario; algo falso, pero de poca magnitud y sin mayor gravedad.

Sin embargo, creo que esta visión es equivocada. La narrativa trans es extremadamente preocupante en tres niveles: político, social y personal.

A nivel político, porque esta ideología de género es parte del mismo discurso postmodernista, encarnado ahora en el venenoso movimiento woke. Todos los que defienden la ideología de género son los mismos que defienden que Occidente es un heteropatriarcado opresor, que el capitalismo es malo y solo produce desigualdad y contaminación, que Estados Unidos es un país racista, y toda la retahíla habitual de consignas progres. No es de extrañar que uno de los mayores autores postmodernistas, Michel Foucault, escribiese extensamente sobre sexualidad.

Esta narrativa postmodernista niega la existencia de una realidad objetiva y de cualquier tipo de estándar. Para ellos, no hay verdad, no hay valores objetivos, no hay una bien y mal absolutos, sino que todo es una construcción social impuesta por un grupo para dominar a los demás – en Occidente, el hombre blanco cisgénero y heterosexual.

Este es el enemigo para este movimiento woke, y su objetivo confeso es destruir sus instituciones, su sistema, su “verdad”.  Occidente y sus estructuras deben caer, y eso incluye la estructura biológica también.

Es más, la biología es el punto límite. Si ante este ataque no somos capaces ni de defender algo tan elemental como la biología, no hay nada detrás de eso que vayamos a sostener en pie. Sin querer ser conspiranoico, afirmo que si se pierde la batalla trans se pierde la batalla contra la realidad, y se pierde Occidente.

Si dejamos que destruyan los más elementales conceptos de hombre y mujer, ¿creemos que hay algo que no van a poder derribar? Si aceptamos la visión woke, ¿alguien cree que vamos a plantar batalla cuando se deshagan de la economía de mercado? ¿Cuándo centralicen el poder? ¿Cuándo confisquen el patrimonio personal de los ciudadanos? ¿Cuándo digan que la democracia es opresora y se inventen un gobierno por cuotas minoritarias? ¿Cuándo destruyan la familia nuclear?

O, por si esto les suena radical y de difícil alcance, les planteo cuestiones más cercanas que ya están en marcha: si no defendemos que el hombre es hombre y la mujer, mujer, ¿creen que vamos a hacer algo cuándo nos racionen la energía? ¿Cuándo impongan una moneda digital central atada a la huella de carbono de cada persona? ¿Cuándo nos prohíban comer carne o viajar en avión? ¿Cuándo hagan programas de esterilización para limitar el crecimiento de la población?

Es un (uno más) experimento de ingeniería social a escala, un neo-marxismo cultural que viene a reimponer su visión, y la última – o la primera – línea de defensa es la biología.

A nivel social, la ideología de género es preocupante porque es radicalmente imposible construir una sociedad medianamente estable sin ningún tipo de referencia, ninguna estructura, ningún estándar, siendo lo único que vale el sentimiento subjetivo de cada persona. Si cada uno de nosotros puede construir una realidad a su antojo (según se “sienta” o se “identifique” en cada momento) ¿cómo es posible ponerse de acuerdo en nada? Si una sociedad pierde las referencias más elementales, las biológicas, ¿cómo va a tener referencias de valores, de cultura, de estética, de orden?

A su vez, la proposición de la ideología de género de que las personas pueden alterar la realidad a su antojo, y que el resto del mundo tiene el deber de “respetarles”, es algo tremendamente peligroso. Este mensaje, especialmente dirigido a jóvenes, necesariamente genera narcisismo, pues se les está diciendo a estas nuevas generaciones que sus sentimientos personales no sólo son superiores a todo lo demás, incluidos los sentimientos de otros, sino a la realidad misma; y necesariamente genera inestabilidad, pues inevitablemente, tarde o temprano, estos chavales se van a dar de bruces con la dura y cruda realidad.

Tengo claro que, al otro lado de esta ideología, en 1-2 generaciones, no vamos a tener a jóvenes más fuertes, más estables, más generosos y respetuosos, más sanos y preparados para triunfar en la vida; no. Vamos a tener generaciones de jóvenes destrozados por dentro y por fuera.

También hay algo preocupante cuando una sociedad invierte su sistema de toma de decisiones, y acaba articulando unas normas basadas sobre unas muy pocas excepciones en vez de alrededor de los principios mayoritarios. El mejor ejemplo de esta dinámica se ve en la última moda woke de poner en redes los pronombres de tu elección. Así, llegamos al absurdo de ver a millones de hombres teniendo que aclarar que usan “he/him”, por si no quedaba claro por su nombre, su fisiología y su pene.

Porque se ha invertido el concepto tradicional de “tolerar” y se ha confundido con
“incentivar”; se ha confundido “respetar” con “promover”. Tolerar y respetar las decisiones de una minoría es muy loable en una sociedad libre, pero pretender que toda la sociedad tenga que adaptarse y guiarse por las ideas de esa minoría es algo ilógico y, francamente, autoritario.

En el caso de la ideología de género, esta inversión es evidente. El tema trans es un tabú social, uno de esos campos de minas donde sólo puedes adentrarte si es para dar la razón a la masa; es decir, la manera de mostrar “tolerancia” solo pude ser promoviendo la visión de la ideología de género. Una nueva prueba de ello es el anteproyecto de Ley Trans en España, que en sus artículos 27-29 otorga a las administraciones prácticamente poder discrecional para eliminar del discurso público todo aquello que no se pliegue a los planteamientos de la ideología de género.

Por último, pero el más importante, el fenómeno trans es preocupante a nivel personal porque está causando daños irreversibles (como diría Abigail Shrier) a miles y miles de personas, la gran mayoría adolescentes, la gran mayoría niñas.

En la siguiente entrada, ahondaré en este nivel personal, y hablaré de lo que criminalmente se les está haciendo a los niños en nombre del activismo de género.

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