Sobre Cataluña

Los españoles estamos afrontando un grave desafío por parte de la sociedad y el liderazgo político catalanes, que están impulsando la separación e independencia de la región de Cataluña del resto de España. En este contexto, escribo estas líneas para poner de manifiesto las mentiras sobre las que el movimiento independentista sustenta su causa y el sinsentido social, económico y político que implica la secesión.

– Qué está ocurriendo

El Gobierno Autonómico de Cataluña ha convocado un referéndum ilegal el próximo 1 de Octubre para decidir la independencia y separación de Cataluña del resto de España. Como es lógico, el Gobierno Central, junto con la gran mayoría de las fuerzas políticas y sociales de España y los españoles, están combatiendo este intento unilateral de sedición, lo que está llevando a tensiones políticas crecientes en España.

El movimiento independentista catalán, antiguo pero nunca mayoritario en la región, ha cobrado gran fuerza en los últimos 5 años, impulsado por un establishment político en plena huida hacia delante de sus graves escándalos de corrupción. El contexto de crisis económica, así como dos décadas de adoctrinamiento por parte de un Gobierno regional nacionalista en control del sistema educativo, han llevado a que el independentismo se convierta en tendencia mayoritaria, aunque por la mínima,  con cerca del 55% de apoyos de la sociedad catalana.

– Qué argumentan los catalanes independentistas

El movimiento independentista suele basar su reclamación en 3 tipos de argumentos:

– Históricos: Cataluña era un reino desligado de España hasta que en 1714 perdió su independencia. Es justo, pues, que dejen a Cataluña recuperar su “libertad”.

– Culturales: los catalanes tiene una lengua y una cultura propias y, por ello, son diferentes al resto de españoles y merecen su país propio.

– Económicos: Cataluña es más pobre de lo que podría porque “España les roba”. Cataluña es una región rica que sostiene con las transferencias fiscales que realiza a zonas más pobres de España. A su vez, el Estado español no invierte lo suficiente en Cataluña.

– ¿Tienen razón?

No. Vayamos por partes:

– Historia: Cataluña no fue nunca un reino independiente de España y en 1714 Cataluña no perdió una independencia que no tenía.

Desde el siglo XIII, los condados catalanes (condados, no reinos) pasaron a ser parte de la Corona de Aragón y, desde el siglo XV, del Reino de España formado tras la unión de Aragón y Castilla. La región de Cataluña, igual que el resto, conservó algunas instituciones y costumbre propias, simplemente.

La fecha de 1714 que los catalanes usan hace referencia a la Guerra de Sucesión española. Tras la muerte sin descendencia de Carlos II de Habsburgo, se desató una guerra a escala europea por ver quién ocuparía el trono de España. Los dos pretendientes eran Felipe de Anjou, nieto del rey de Francia, y el Archiduque don Carlos de Austria. Las naciones de Europa se dividieron en favor de uno u otro, preocupados por el poder que o Francia o Austria podrían amasar si se fusionaban ambos tronos.  

Dentro de España también hubo división entre diferentes regiones, cada cual tomando partido por uno u otro pretendiente. Ninguna región, ni Cataluña, pretendió combatir en esta guerra contra España, sino contra un candidato al trono de su país. Cataluña, que era algo francófoba, tomó partido por el Archiduque Carlos, quién acabó perdiendo la guerra. Al ascender al trono Felipe de Anjou (Felipe V), acometió una reforma administrativa que acabó con ciertas normas e instituciones propias de Cataluña, y de muchas otras zonas de España. Nada más. Ni Cataluña buscó la “independencia” ni España se la quitó.

Por no hablar lo ridículo que sería, en cualquier caso, querer regresar a hace 300 años…

– Cultura: sí, Cataluña tiene una bella lengua propia, pero una lengua por sí misma no da ningún derecho político.

Es cierto que Cataluña tiene una identidad cultural singular, principalmente anclada sobre su lengua propia, el catalán (una gran riqueza cultural para Cataluña y para España). Muchas zonas de España (y de cualquier país) tienen costumbres locales propias pero esto no les otorga ningún derecho a ser una nación independiente. Y la lengua… parafraseando, “Una lengua no equivale a una nación. Si en la ONU hay 193 naciones y en el mundo varios miles de lenguas, ¿faltan miles de naciones en la ONU o sobran miles de lenguas en el mundo? Todos los países europeos son multilingües, con la única excepción de Islandia. Y España no es precisamente el más multilingüe de todos: más variedad de lenguas hay en Francia o en Italia. Finalmente, ¿por qué de la existencia de una lengua han de deducirse consecuencias políticas?”

– Economía: “España nos roba”, el argumento más efectivo en los últimos años de la causa independentista, completamente falso. Olvidemos el hecho de lo insultante que nos resulta al resto de españoles que nos llamen ladrones y centrémonos en los hechos. 

Primero, Cataluña es una de las regiones más ricas de España. Segundo, Cataluña no paga impuestos, pues las regiones no pagan; pagan los ciudadanos y, dado que en Cataluña hay muchos ricos, pues de los bolsillos de los residentes en Cataluña se recauda más dinero. Como en la mayoría de los países del mundo, el sistema fiscal español cumple una función redistributiva, por lo que con los impuestos de los ricos, entre ellos algunos catalanes, se financian programas que favorecen a los menos pudientes, que se concentran en otras regiones de España. De hecho, de los bolsillos de los madrileños y de los baleares sale más dinero, y nunca ni Madrid ni Baleares se ha ocurrido decir eso de “España nos roba”.

Tercero, en la última década (2006-2016), Cataluña ha sido la región de España donde más ha invertido el Gobierno Central (cerca de 8.300 millones de euros). Esto sin contar la asistencia que lleva proporcionando el Estado a las regiones en esta época de crisis a través del Fondo de Liquidez Autonómica (FLA), donde Cataluña también es la más beneficiada de todas con cerca de 67 mil millones de euros recibidos.

Por último, la economía de Cataluña es absolutamente dependiente de la del resto de España: más del 30% del comercio de Cataluña es con España y un tercio de su empleo está directamente ligado a la actividad comercial con el resto de España. Añadidamente, buena parte del tejido económico de Cataluña lo aportan empresas del resto de España o multinacionales extranjeras con presencia en Cataluña, precisamente porque es parte de España y de la Unión Europea, cosa que cambiaría en caso de independencia.

– Aunque no tengan razón, lo democrático es dejarles votar

Tampoco. Lo que los independentistas llaman su “derecho a decidir” es una invención que no tiene base lógica ni jurídica. Ningún ordenamiento jurídico del mundo otorga a una parte de su territorio ese supuesto “derecho a decidir”.

La democracia no es sólo votar, es respetar el Estado de Derecho, la ley y los procesos establecidos. El secesionismo catalán se está saltando por encima todo el ordenamiento jurídico existente, con plena consciencia. Si quieren la independencia, deben reformar la Constitución y para eso hay un cauce. Pretender tildar de democrático algo que lo primero que hace es violar la ley, impulsado, además, por una autoridad pública, es cuanto menos curioso.

Por otro lado, todos los españoles tenemos derecho a opinar sobre lo que pasa con nuestro país. A todos nos afectaría que Cataluña se independizase. Los independentistas no tienen derecho a convertirme a mí en un extranjero en una parte de mi país, al menos no sin mi consentimiento. Tampoco, ni mucho menos, tienen derecho a convertir al 45% de catalanes que no quiere separarse en extranjeros en España.

Finalmente, ¿quién ostenta ese derecho a decidir? Si Cataluña tiene ese derecho, ¿lo tienen también las provincias dentro de Cataluña? Tarragona, donde el independentismo no tiene tanta fuerza, ¿tendría el derecho a decidir quedarse en España? ¿No sería democrático esto también? ¿Y el Valle de Arán, otra zona de Cataluña? ¿Y la ciudad de Terrasa? ¿Y mi bloque de apartamentos? Si la lógica es que lo democrático es votar, pues pongámonos todos a votar en todo orden y condición.

– ¿Qué consecuencias tendría la independencia de Cataluña?

Para Cataluña, sería terrible social, económica y políticamente.

Socialmente, porque prácticamente la mitad de la sociedad catalana no quiere separarse de España. Este proceso independentista está suponiendo un trauma interno para la propia ciudadanía de Cataluña. Alrededor del 45% de los catalanes votaron en contra de las fuerzas independentistas en las últimas elecciones. Y esto después de 2 décadas de constante adoctrinamiento y manipulación por parte de las autoridades públicas de la región. No olvidemos que este proceso independentista ha sido impulsado desde arriba, no era algo buscado por la sociedad catalana y sólo en los últimos 5 años ha ganado tracción.

Económicamente, porque una Cataluña independizada entraría en colapso económico. La mayoría de escenarios económicos apuntan a una caída automática del PIB catalán de entre el 20%-30% y a que la tasa de desempleo se duplicaría. La independencia supondría la salida de Cataluña de la zona euro y de la Unión Europea (UE), lo que conllevaría que el 75% de su producción estaría sujeta a un arancel. La reubicación de empresas presentes en Cataluña a otra parte de España (ya evidente en los últimos años) sería tremenda.

Políticamente, porque Cataluña quedaría aislada del mundo. Como han repetido en innumerables ocasiones las autoridades europeas, una Cataluña independiente quedaría automáticamente fuera de la UE. También quedaría desconectada de una comunidad hispanohablante de 500 millones de personas en el mundo. En la era de la globalización, de la unión y la cercanía de los pueblos y personas, de las fronteras desdibujadas, la independencia de Cataluña es un sinsentido político.

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