La pérdida de votos sufrida en las pasadas elecciones europeas; la potente aparición de movimientos radicales populistas; el surgimiento, en los últimos años, de nuevas formaciones políticas; y el palpable desencanto actual entre los votantes tradicionales del centro-derecha suponen inquietantes señales de alarma para el Gobierno. El próximo año presenta dos citas electorales de máxima importancia y el PP se arriesga a perder el apoyo de los ciudadanos y, lo que es peor, la pérdida de confianza en las políticas que son mejores para España.
De este panorama se pueden extraer dos conclusiones principales:
- Los ciudadanos están hastiados de la clase política. La desconexión entre el liderazgo político y los representados es total. Existe una sensación de que los políticos no trabaja por el bien común sino por el bien propio. Los casos de corrupción, los políticos con cargo perenne y ciertos privilegios de los dirigentes causan rechazo entre los ciudadanos, lo que les lleva a buscar refugio en alternativas más populistas.
- La gente es receptiva a las ideologías, busca respuestas, busca visión de futuro y busca claridad. Cuando se vota a Podemos, o en Cataluña se escoge tanto a ERC como a Ciudadanos, o se decanta por Vox, se está eligiendo claridad ideológica, no gestión desapasionada ni fríos datos económicos. La política es ideología, es principios, es debate de ideas y hoy, más que nunca, esto no debe olvidarse.
Hasta el momento, el Gobierno no ha ofrecido un proyecto de futuro claro, sino un salvavidas ante la situación económica. Esto, si bien quizás entendible ante la difícil situación que se heredó, ha tenido como consecuencia que la acción de Gobierno de estos dos años se haya caracterizado por subsistir, no por construir: en lo que va de legislatura, el Gobierno se ha definido más por reaccionar ante la realidad que por llevar la iniciativa. Resta un año para las elecciones municipales y seis meses más para las generales, por lo que, si se quiere recuperar la iniciativa política, urge tomar medidas y reactivar la ilusión de los ciudadanos. La realidad política no admite demoras, ni continuismos, ni inacción.
Para el PP y el Gobierno es imperativo atacar de frente las dos realidades arriba mencionadas si quiere recuperar el pulso político. La victoria electoral en las elecciones del año que viene pasa, inexorablemente, por ofrecer a los ciudadanos lo que están demandando. Y lo que demandan es renovación e ideología.
- Ideología: es hora de que el Gobierno presente a los ciudadanos el modelo de país y de sociedad que defiende. Hay que ofrecer a los votantes una visión clara de futuro. La mera gestión no convence al ciudadano. Gestionar no es liderar y, en época de turbulencias como las de estos años, las personas buscan líderes, buscan referentes.
En la actualidad, la oferta ideológica en el mercado electoral es limitada y gravita entre los extremismos de nuevas formaciones y la indefinición de los dos grandes partidos. En este panorama, el espacio político a rellenar es amplio, lo que explica el empuje de partidos como UPyD o Ciudadanos que, al fin y al cabo, ocupan el espacio natural de PP y PSOE por incomparecencia de éstos. Si los dos grandes partidos recuperasen su mensaje de principios, valores, ideas y futuro (cada uno el suyo) podrían volver a enganchar con una gran cantidad de votantes. Este es el momento de vender ideología, de recuperar este espacio. El que primero mueva ficha, más opciones tendrá de captar la atención del ciudadano. En breve, el PSOE elegirá nuevo líder, que traerá nuevos aires, por lo que el PP debe tomar la iniciativa y adelantarse. Hay hambre de ideología en el electorado y el PP tiene la oportunidad perfecta para dar de comer sus ideas. Es el momento de ofrecer una clara alternativa política de corte liberal-conservador, diferenciada nítidamente de la propuesta socialista- socialdemócrata.
- Renovación: renovación de personas y renovación de estructuras. En primer lugar, es hora de acometer un cierto relevo no sólo generacional, sino también de perfiles de liderazgo. Ante la falta de sintonía entre ciudadanos y políticos, las caras nuevas ayudan a recuperar la confianza perdida. Si se teme que el relevo de Rubalcaba por alguien más joven traiga un nuevo impulso al PSOE, se debe seguir el mismo camino. Si Podemos ha cosechado grandes resultados gracias a su ataque a la “casta política” es porque se percibe que esta casta, efectivamente, existe. Fomentar un relevo generacional y dar paso a personas no sólo provenientes del aparato del partido, sino de otros ámbitos, es imprescindible para reenganchar a los ciudadanos descontentos.
En segundo lugar, hay que abordar con decisión la reforma de las estructuras político-administrativas. La falta de confianza en la clase política es evidente, como demuestran los indicadores del CIS. Cada vez más voces reclaman un nuevo sistema político, más transparente y menos controlado por los aparatos de los partidos. A su vez, una de las grandes promesas electorales del PP fue la reforma de las administraciones que, al final, se ha concretado en una muy poca ambiciosa cesta de recomendaciones de eficiencia en el gasto, pero no de reducción del mismo ni del tamaño de la propia administración.
No hay que olvidar que, mientras que estas ideas representan el fondo de la cuestión, la forma también cuenta, más en política y más en pleno siglo XXI. Transmitir la imagen adecuada es esencial para que un proyecto político resulte atractivo y convincente a los ciudadanos.
La comunicación nunca ha sido un fuerte del PP, ni lo es en la actualidad. Hace escasos días, la Vicepresidenta negaba cualquier error en la comunicación del Gobierno alegando que ella ha dado más de 150 ruedas de prensa al finalizar cada Consejo de Ministros… la comunicación es capacidad de empatía, capacidad para hacer llegar tu mensaje al receptor, capacidad para marcar el ritmo de los debates, capacidad para llegar a la sociedad. Nada de esto se hace por medio de una rueda de prensa en Moncloa.
La comunicación, en primer lugar, requiere de ideas. Si no hay ideas ni proyecto concreto no se sabe qué comunicar. En segundo lugar, comunicar requiere mucho trabajo de campo, cercanía con las personas, los periodistas, la sociedad. Comunicar requiere presencia. En tercer lugar, para llegar a la gente hay que comprender la importancia que, en el mundo de hoy, desempeñan las redes sociales e internet. En cuarto lugar, la comunicación requiere iniciativa, pues el que sabe plantear los temas de su interés en la agenda política lleva la ventaja a la hora de darles solución. Por último, comunicar exige, en ocasiones, tomar medidas de pequeño contenido real pero gran impacto mediático.
El análisis de situación, por tanto, nos sitúa ante un panorama político que exige actuar en dos frentes (ideología y renovación) y, como complemento ineludible, potenciar, decididamente, la capacidad de comunicación del gobierno y del partido.
En este contexto, se proponen, a continuación, 25 medidas concretas que actúan en estos tres planos, indistintamente, y que deberían ser la hoja de ruta del Gobierno para el próximo año y medio, si realmente quiere revertir la situación de desencanto y desconfianza que dibuja el actual mapa político y ganar las elecciones del próximo año:
Medidas político-estructurales:
1.Realizar una crisis de Gobierno: hay que presentar a los votantes nuevas caras para nuevos tiempos (el equipo anterior salvó la crisis, este nuevo nos enseñaría el camino del futuro). Dirigentes más jóvenes que incluyan a algunos que no provenga de las entrañas de Génova. Esta crisis, a su vez, es el requisito indispensable para que muchas de las medidas que se proponen a continuación resulten creíbles de cara al ciudadano.
2. Abrir un debate sobre el sistema electoral, planteando la posibilidad de listas abiertas, la elección directa por circunscripción electoral o el cambio en la Ley D’Hondt. El Gobierno no necesita, en esta legislatura, concretar nada en este ámbito sino que, con el simple hecho de plantear un franco debate, dará imagen de espíritu regeneracionista. Además, plantear el debate da la ventaja a la hora de fijar sus ejes de discusión.
3. Plantear una reforma constitucional al final de la legislatura que delimite, con claridad, el reparto competencial entre administraciones, que renueve las funciones de ambas Cámaras parlamentarias y que elimine la prevalencia del varón sobre la mujer en la sucesión a la Corona (cuestión menor pero simbólica).
4. Impulsar una reforma de la justicia: una justicia independiente es garantía de un correcto funcionamiento del procedimiento democrático. El PP llevaba en su programa electoral un cambio en el sistema de nombramiento de jueces que, finalmente, no cumplió, lo que generó enorme desconfianza en el electorado, que creyó ver en este mantenimiento del sistema un interés del Gobierno por seguir controlando a los jueces ante los problemas de corrupción de los que estaban siendo acusados. Reformar este sistema es no sólo un avance en la calidad de nuestra democracia sino un necesario gesto de transparencia ante los votantes.
5. Relevar a ciertos dirigentes regionales del partido: Cataluña, Andalucía, Valencia, Madrid. Las dos primeras comunidades son en las que menos apoyos es capaz de captar el PP. En Cataluña, los líderes regionales claramente no han sabido vender un proyecto diferenciado y coherente, por lo que el partido ha ido perdiendo apoyos progresivamente. Andalucía sigue siendo el gran caladero de votos para el PSOE (un 25% del total) y el PP actual no parece en condiciones de ofrecer algo distinto e ilusionante a los andaluces. Por otro lado, Valencia y Madrid son los dos grandes bastiones populares, pero su posición está en peligro de cara a las próximas elecciones, castigadas, en el primer caso por situaciones de corrupción y desprestigio y, en el segundo caso, por líderes menos carismáticos y con menos empuje que sus antecesores. Urge una renovación en todos ellos.
6. Nombrar una comisión que redacte unos nuevos estatutos del partido en los que se cambie el modelo de elección de los cargos y los candidatos electorales. El electorado exige mayor transparencia y una relación más directa entre ellos y sus dirigentes políticos.
Medidas económicas:
7. Ahondar en la Ley de Unidad de Mercado con el objetivo de limitar las competencias autonómicas, llegando, incluso, a anular normativas. El votante español medio comprende ya que no es sostenible, ni lógico, que se mantengan 17 regulaciones distintas en España.
8. Hacer una bajada ambiciosa de impuestos: las subidas de impuestos acometidas por el Gobierno han supuesto uno de los mayores ataques a la propuesta liberal- conservadora que es imperativo presentar a los votantes. La reforma fiscal que ahora se plantea parece ser moderada y escalonada, características que no harán de ella algo capaz de hacer olvidar el previo incumplimiento electoral. Si creemos en la iniciativa individual, es el momento de una rebaja mucho más ambiciosa de los tipos, es el momento de enviar el mensaje claro de que creemos que los recursos corresponde a los ciudadanos y las empresas y no al Estado.
9. Recortar el gasto público: complemento necesario del punto anterior para equilibrar las balanzas fiscales. En España siguen existiendo muchas partidas que se podrían recortar pues carecen de sentido ni de productividad, como, por ejemplo, las dedicadas al fomento de la inserción laboral, las subvenciones agrícolas e industriales, los subsidios no productivos, las aportaciones a partidos y sindicatos, etc.
10. Reducir las cargas administrativas, con el objetivo de eliminar burocracia innecesaria que genera gasto e ineficiencias para el Estado y agilizar los trámites del ciudadano con la Administración. Se solicita a cada Ministerio que elabore un catálogo de disposiciones en vigor que no aporten valor, sean innecesarias y constituyan una carga al interesado que no encuentra justificación práctica. Cada Ministerio deberá presentar, al menos, veinte normativas a consideración para su derogación A su vez, se elaborará un plan de simplificación de trámites administrativos por cada Ministerio, en el que se prime la ventanilla única, se impulse decididamente la Administración electrónica y se reduzcan progresivamente el número de solicitudes a los ciudadanos por cada gestión que emprenden.
11. Eliminar o privatizar organismos y empresas públicas: La Administración debe ser pequeña y eficaz, y ceder todo el protagonismo de la vida social y económica al ciudadano y la iniciativa privada. El alto déficit y la crisis económica brindan el paraguas perfecto para reducir el tamaño de la administración, eliminando organismos innecesarios (multitud de fundaciones públicas de dudosa necesidad, INJUVE, Instituto de Estudios Fiscales, INIA y cientos de organismos más) y privatizando empresas de titularidad estatal que podrían y deberían ser gestionados por la iniciativa privada (AENA, RTVE, Paradores, Correos, Alimentos y Aceites SA, CETARSA, y un largo etc., unas 700 empresas públicas).
12. Obligar a las Autonomías a llevar a cabo el mismo plan de eliminación y privatización que la Administración Central. La Ley de Estabilidad Presupuestaria brinda cobertura legal a esta iniciativa. Comenzar por Cataluña, demostrando firmeza ante el nacionalismo.
Estas dos medidas contribuyen no sólo a reducir el gasto y tamaño de la administración, sino que envían el mensaje al ciudadano de que se está dispuesto a acabar con los privilegios de los políticos que, a su entender, usan estas empresas y organismos para colocar a sus amistades y compromisos.
13. Liberalizar ciertos sectores de actividad (energía, comunicaciones, empleo, etc.) Medida que encaja con una apuesta clara por un proyecto económico liberal y que contribuirá a una mejor asignación de recursos en estos mercados. En especial, urge una liberalización en el sector energético, uno de los mercados menos eficientes que existen en España. Esta liberalización debería dar libertad para establecer nuevas centrales de energía nuclear y a alargar la vida útil de las ya existentes (merece la pena mencionar que la energía nuclear y las energías renovables no son excluyentes sino complementarias, por lo que ambas pueden coexistir en un mix energético libre y diverso).
14. Reducir las cotizaciones a la Seguridad Social para emprendedores que creen nuevos puestos de trabajo: medidas ya avanzadas en la Ley de Apoyo a Emprendedores pero que deben ser mucho más amplias. Las elevadas cargas y requerimientos a los que deben hacer frente los emprendedores suponen una de las mayores limitaciones a su despegue.
15. Incentivar canales de financiación alternativas a la banca. Ayudas fiscales y burocráticas al establecimiento de empresas de venture capital y capital riesgo, especialmente, a aquellas que inviertan en proyectos innovadores españoles. Con esto se conseguirá atraer más inversión hacia España, lo que contribuirá a la aparición de oportunidades de empleo.
Medidas comunicativas:
16. Comunicar medidas tomadas, no planes futuros. Es más fácil explicar lo que ya se ha hecho que lo que se va a hacer en el futuro. Este Gobierno se ha caracterizado por anunciar medidas no ya tomadas sino que tiene planeado aprobar. Cuando se difiere el anuncio de la implantación, se pierde credibilidad. Por citar el último ejemplo, es criticable que, a la hora de subir impuestos, se hiciese con efecto inmediato pero, llegado el momento de bajarlos, se difiera seis meses su entrada en vigor.
17. Poner cercanía en la comunicación: Organizar encuentros, charlas, conferencias, en asociaciones, universidades, colegios mayores. Hay que movilizar al partido como si la campaña electoral comenzase ahora y durase año y medio. El contacto con la gente ayuda a establecer nexos personales de unión. Hay que darse a conocer personalmente, con cercanía, pues rompe muchos prejuicios ideológicos que los ciudadanos pudiesen tener. Revertir el mapa político actual y el desgaste del Gobierno va a requerir de un esfuerzo ímprobo y continuado, comenzando ahora mismo.
18. Organizar encuentros en Moncloa entre el Presidente y líderes de opinión de todos los ámbitos de la sociedad. El Presidente es una persona cercana y amable que, en las distancias cortas, puede causar simpatías que derriben prejuicios. Recibir y acoger, periódicamente, a personas influyentes en sus respectivos campos ayudaría a ganar amistades o, al menos, afinidades, con líderes que luego darán cuenta de su experiencia en sus sectores y círculos.
19. Crear un equipo experto en marketing digital, que potencie la presencie del Gobierno y de los líderes populares en la red, y que se dedique a activar en las redes sociales los temas de debate y las ideas políticas que sean de nuestro interés. No hay que limitarse a estar en las redes, sino que hay que participar, hay que movilizar y hay que penetrar.
20. Plantear una política de gestos: una imagen vale más que mil palabras Hay que trabajar en el plano “cosmético”, es decir, en el aspecto formal y no sólo en el de fondo. Hay que representar, simbolizar expresamente las medidas que se aprueban. Además de los ya señalados a lo largo de estas páginas, nuevos ejemplos de esta idea podrían ser:
- Si el Presidente afirma que su mayor preocupación es el paro, podría acudir a algún centro del INEM y escuchar historias, de viva voz, de personas desempleadas
- Al querer trasmitir la idea de que el Gobierno va a limitar los privilegios de los políticos, podría acabar con algunas de las ventajas de las que gozan diputados y senadores (hay que vencer la idea de la existencia de la “casta” política)
21. Imponer una mentalidad de “comunicación absoluta”: Contar cada cosa que se hace, dar a conocer cada medida de las anteriores tomada, cada gesto, pero no sólo en ruedas de prensa tras el Consejo de Ministros sino en charlas, conferencias. Ir narrando, en cada cuenta oficial de twitter, cada medida, cada dato que muestre ahorro, eficiencia y reducción de la administración. Movilizar a los medios y periodistas afines con el fin de manejar los temas del debate político. En definitiva, hacer de la comunicación política una prioridad y una red de enganche de toda la acción de gobierno.
Otras medidas puntuales:
22. Cambiar de nombre del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, que pasará a llamarse Ministerio de Sanidad y Familia. Creación de una Secretaría de Estado de Familia. Los términos “servicios” – en lugar de “asuntos”- e “igualdad” son mantras de la izquierda y, mientras los use el PP, jugará en terreno ideológico contrario. Por el contrario, la familia es un concepto muy arraigado entre el votante tradicional de derechas. La ley del aborto ha causado muchas controversias y no es conveniente, desde el punto de vista electoral, darle mayor promoción, pero si se puede hacer una concesión hacia este grupo de votantes hablando de políticas de familia.
23. Hacer un acercamiento a las víctimas del terrorismo. Parte de los votantes tradicionales del PP han sentido rechazo ante la que consideran una política débil frente a ETA, simbolizada en la reversión de la doctrina Parot, la excarcelación de Bolinaga y el abandono del PP por parte de Ortega Lara. Es imperativo dar mayor presencia institucional a las víctimas, reflejar pública y continuadamente el apoyo del Gobierno y del partido.
24. Subir sensiblemente tres partidas en los próximos presupuestos: 1. ayudas a la dependencia, 2. becas (manteniendo e, incluso, ampliando los niveles de exigencia) y 3. I+D+i bio-sanitaria. Los recortes del gasto propugnados en un punto anterior permitirán ampliar, en pequeña medida, estas partidas, que el Gobierno podrá usar como un agarre y una defensa ante las críticas (populistas y falsas) de la izquierda que alegan que la derecha no se preocupa por los pobres y los que sufren. La subida en ciencia permitirá, además, trasmitir al ciudadano la apuesta del Gobierno por la modernidad, el desarrollo tecnológico y el cambio de modelo productivo.
25. Impulsar deducciones fiscales por gastos educativos: por debajo de un determinado nivel de renta, los padres y alumnos se podrán desgravar en su declaración cualquier gasto relacionado con la educación, desde las matrículas escolares hasta el material. Medida de marcado carácter social (en línea con el punto anterior) pero de corte liberal, por lo que, de una tacada, se combaten las críticas de la izquierda y se refuerza al votante liberal.