Recursos, problemas y prioridades

Si hay una ley económica que todos conocemos sin necesidad de pasar por la facultad es que los recursos son siempre escasos. Cualquier padre o madre de familia, cualquier trabajador, cualquier empresario, y hasta cualquier chaval sabe que no puede tener o hacer todo lo que quisiera. Estamos limitados por los medios de los que disponemos. Precisamente la economía se ocupa de intentar maximizar los resultados que se pueden obtener con esos pocos medios que están a nuestro alcance. Pero es una máxima que se puede aplicar a una inmensa multitud de situaciones en la vida. En términos generales, los recursos más comúnmente necesitados, y por ende más escasos, son el tiempo y el dinero (capital). En ciertas ocasiones, yo añadiría que lo que escasea son las personas, los equipos necesarios para llevar a cabo un proyecto (recursos humanos, expresión tan de moda hoy en día). Éste es el trípode clave: tiempo, dinero y personas.

La dificultad de contar con recursos escasos estriba en que normalmente debemos afrontar más problemas de los que estamos en condiciones de encarar. Y es aquí donde surgen los quebraderos de cabeza: ¿De qué problemas me ocupo? ¿Cómo consigo ir eliminándolos? ¿Qué es más importante? Ante la imposibilidad de solucionar todo, como mecanismo de abordar el dilema recursos escasos-problemas numerosos surgen las prioridades. Las prioridades conceden importancia a unos asuntos frente a otros. Si bien toda prioridad es subjetiva (yo decido lo que a mí me parece más importante), también es cierto que hay cuestiones que objetivamente son más importantes que otras.

Todo lo dicho se aplica a la política. Un Gobierno dispone de un tiempo limitado (4 años), unos presupuestos concretos (que siempre resultan escasos para cualquier gobierno, especialmente para el actual) y un equipo determinado. Si los problemas normales de la gente corriente ya resultan abrumadores, imagínense los problemas de un país entero. En la tarea de gobierno, más que en ninguna otra situación, se hace necesario priorizar. No es igual de importante el estado de la economía española que el uso de las lenguas co-oficiales, por hablar de un tema reciente; ni se puede comparar la urgencia de reformar la Administración de Justicia con la de aprobar la Ley de Memoria Histórica.

Este es otro de los rasgos más característicos del actual gobierno socialista (y, me atrevería a decir, que de la mayoría de los gobiernos socialistas); el confundir las prioridades. El problema es que mientras se ocupan de unas cosas, no se ocupan de otras. Malgastan energías en asuntos de poca importancia, despilfarran los recursos en temas menores o que nadie demandaba, mientras los asuntos de gran calado, los asuntos que afectan directamente a España y a los españoles, quedan desatendidos. Derrochan el dinero, pierden el tiempo, desperdician sus energías, y así es imposible servir a los españoles. 

 Creo no exagerar cuando digo que las medidas estrella de este gobierno en los últimos seis años no encajan precisamente en el capítulo de “prioridades para los españoles”. ¿Acaso la Ley del Aborto era esencial para el futuro de España, y estaba ampliamente demandada por la sociedad? ¿O quizás la Ley de Memoria Histórica era algo ineludible? Desde luego negociar con ETA (a la vez que se firmaba el Pacto Antiterrorista, por cierto) era algo que la sociedad deseaba. Por supuesto, a la sociedad española también le interesa sobremanera aliarse con esas otras civilizaciones que parece ser que habitan el planeta, especialmente con la parte de esas civilizaciones que no creen ni en la libertad, ni en la igualdad, ni en el mercado libre. ¿Y qué decir de la “inversión” de millones de euros en dos Ministerios de gran importancia, el de Igualdad y el de Vivienda? Ambos han sido muy importantes para el progreso de España en este lustro; las soluciones habitacionales contribuyeron ciertamente a la rebaja de los precios de las viviendas; y la Ministra Aído ha deslumbrado a España con sus grande manifestaciones, como aquello de “un feto es un ser vivo pero no humano”, “miembros y miembras”, el teléfono para los maltratadores, el intento de prohibición de Blancanieves y Cenicienta, y paro de escribir por no provocar.

 Insisto en que humildemente no considero estos grandes logros socialistas prioritarios para España. En cambio, me permito plantear otros asuntos que, en mi opinión, si deberían haberse abordado estos años:

– La economía: Unas de las principales tareas de cualquier gobernante, y uno de los grandes problemas de España en la actualidad. La única media económica conocida de los socialistas ha sido negar la crisis, para después hablar de brotes verdes (hace un año ya de eso, ¿será que alguien los pisó?). No se han tomado medidas en el mercado laboral, ni se han acometido rebajas fiscales, ni se ha mantenido el más mínimo equilibrio presupuestario, ni se ha hecho nada. Ahora, con dos años de retraso y por imposición extranjera, han tenido que improvisar recortes que no hubiesen sido necesarios si se hubiese actuado a tiempo, y que no son más que medidas coyunturales, que no estructurales.

– Estado de las Autonomías: Parece claro que el actual modelo de Estado no está funcionando correctamente. Las Autonomías despilfarran el dinero de los españoles y se preocupan sólo por reformas estatutarias innecesarias en el marco de una carrera frenética por reclamar más competencias y más financiación, y su hambre parece no poder ser saciada. Se hace necesario una reflexión seria sobre el asunto que acote de una manera clara el modelo de Estado.

– Estado del Bienestar: Nos hemos acostumbrado a recibir muchos servicios, todos gratis, por parte del Estado, y esto no es algo ni eficiente, ni sostenible. El actual Estado del Bienestar está sobredimensionado, es ineficaz, desincentiva el trabajo y el esfuerzo, y no lo podemos pagar. Abogar por una reforma en el mismo, que se base en la calidad de los servicios y no en la cantidad, en la libertad de elección y en el copago de los mismos, y en un sistema mixto de pensiones sería lo deseable.

– Administración de Justicia:  La justicia en España es lenta, no cuenta con los medios materiales ni humanos suficientes, está tremendamente politizada y fomenta las apelaciones y los recursos de casación. La justicia de una democracia avanzada no sólo es un pilar fundamental del Estado de Derecho, sino que además una justicia ineficiente acarrea consecuencias económicas graves. Se hace necesario una revisión a fondo de la Administración de Justicia que la haga más independiente, más eficiente y más ágil.

– Educación: Que la media de fracaso escolar en España sea del 30%; que ninguna Universidad española se sitúe entre las 100 primeras del mundo; que los españoles no sepan desenvolverse en otros idiomas; y que los informes PISA de la OCDE coloquen a España a la cola de los países desarrollados son problemas muy serios para el futuro de España. Una reforma educativa que apueste por la excelencia, el esfuerzo, la exigencia, el bilingüismo y la formación práctica es más necesaria que nunca.

Estos son algunos de los grandes problemas de España, que han sido totalmente ignoradas por el gobierno socialista. Como he dicho, han estado ocupándose y malgastando recursos y energías en cuestiones que nadie demandaba, que no eran necesarias, y que no hacen prosperar al país. ¿Por qué? Pues porque la principal prioridad de este gobierno no es servir a los españoles, sino mantenerse en el poder; es aniquilar al adversario político, no trabajar codo a codo por un futuro mejor. El sectarismo del que se nutre el socialismo actual le ha hecho tratar durante seis años temas menores, pero que agitan el debate ideológico y les da la oportunidad de dibujar al Partido Popular como un partido anticuado y radical. Su premisa es “destruyamos al rival, luego ya veremos que hacemos”. Mientras tanto, los españoles han visto empeorar su nivel de vida, su influencia en el mundo, la cohesión del país y sus bolsillos. Este es el resultado de la acción de aquellos que conciben el poder como un fin en sí mismo, que hay que mantener a toda costa, en vez de pensar que el poder no es más que un medio para aportar, para mejorar España, para construir un futuro un poco más próspero.

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